Carmen Tomás – Zapatero, un continuo mitin.


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

El presidente del Gobierno se tomó el debate sobre el estado de la Nación como un mitin. Desde la tribuna del Congreso fue desgranando una serie de medidas que no había pactado con nadie y que resultaron ser un rosario de ocurrencias mal planteadas y sin memoria económica. El lío que algunas de ellas han planteado a los que se suponen iban dirigidas ha sido de tal calibre que ha habido que ir corrigiendo sobre la marcha. La soledad del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso ha propiciado la necesidad de ir pactando las resoluciones que han emanado de se debate por parte de unos y otros.

Está bien que por una razón o por otra, el Gobierno corrija el tiro de algunos mensajes que ha ido lanzando. No todo va a ir por el buen camino y sobre todo ha creado la sensación de que Zapatero, una vez más, nos ha tomado el pelo. Después por la presión o por no hacer el ridículo matiza la mayor parte de lo dicho. Algunos cambios parecen ir en la buena dirección. Ya veremos si la reforma laboral pactada con CiU es la que la situación económica y los expertos demandan. Y qué pasará con los sindicatos a los que se les ha venido casi jurando que sin ellos no se haría nada y que de ningún modo se entraría a modificar el status laboral o de la negociación colectiva.

En todo caso, me parece que el Gobierno sigue en el parcheo y no se da cuenta o no quiere o no le interesa entrar en el fondo de los asuntos que han llevado a la economía española a ocupar un puesto de farolillo rojo en lo que a competitividad se refiere. Vendernos que está poniendo las bases de un cambio en el patrón de crecimiento por el hecho de hacer una ley en la que nos va a decir qué sectores son de futuro y cuáles no lo son y hay poco menos que erradicarlos, como es el caso del ladrillo. Si Zapatero escuchara a los economistas y se tomara en serio la grave situación de la economía española, se daría cuenta de que lo que está proponiendo con la sostenibilidad y lo verde no nos va a sacar del atolladero en el que estamos. Y, por cierto, tampoco nos aclara mucho cuánto nos a va costar esa fiesta verde en un momento en que nos sobra capacidad instalada. De hecho hemos sabido por Expansión que los feos molinillos hay que apagarlos por la noche para que no sigan generando una energía que no se necesita. Eso para no hablar de los ordenadores para los niños que parece que están en el aire.

En fin, ya veremos en qué queda todo lo prometido, qué hacen los sindicatos para torpedear cualquier reforma necesaria en empleo y pensiones. De momento, se les ocurre volver a instaurar el Impuesto sobre el Patrimonio. Qué aportación.

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