Fernando Jáuregui – El fantasmagórico Sastre, legalizado y bien legalizado


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

La campaña electoral «oficial» comenzó con emoción. Ya al filo de la medianoche en la que se daba el pistoletazo de salida a la tradicional -aunque ya nadie hace caso de la costumbre- pegada de carteles, nos llegaba la decisión del Tribunal Constitucional permitiendo a Iniciativa Internacionalista presentarse a las elecciones europeas. A muchos comentaristas ni siquiera les dio tiempo a abrir un debate que promete tener muchas ramificaciones: ahí es nada, un nuevo enfrentamiento entre el Constitucional y el Supremo, que había ilegalizado a la candidatura Iniciativa Internacionalista-Solidaridad entre los Pueblos (II-SP) encabezada por el «teatral» Alfonso Sastre.

Reconozco que, a mí, la sentencia del Constitucional me parece, en principio, acertada, de la misma manera que me mostré de acuerdo con la minoría que, en el Supremo, discrepó de la ilegalización. Porque usted recordará que la resolución del Supremo, anulando esta candidatura, encabezada por el muy veterano dramaturgo Sastre, fue controvertida dentro del alto tribunal, por entender la minoría disidente que solamente indicios e hipótesis avalaban una presunta relación de II-SP con Batasuna e, indirectamente por tanto, con ETA. El Estado de Derecho exigía, a mi juicio, mayores certezas, pruebas más sólidas que la mera trayectoria, tantas veces enloquecida, de Sastre y de su «número dos», Doris Benegas, ambos de triste, o irrisoria, memoria en algunas de sus actuaciones.

No siento, por tanto, la menor simpatía por esta candidatura, tan poco concreta en sus pretensiones «europeas» y tan dada a la «boutade» contra lo establecido, sea lo que sea. Y lamento la publicidad gratuita que se ha dado a II-SP con los intentos, mal hilvanados desde la Fiscalía y desde las Fuerzas de Seguridad, por tanto desde el Gobierno, de su ilegalización, quizá ante el temor a que se repitiese un «caso ANV» y la opinión pública, o al menos algún medio de comunicación, se les echase encima. Fue un error clarísimo lanzarse, sin datos concluyentes en la mano, a una acción contra la fantasmagórica opción que lidera el octogenario autor de aquella «Mordaza» que encandiló a la progresía de los últimos años sesenta. Años en los que, por lo demás, parecen haberse anclado el señor Sastre y sus compañeros en este viaje.

Para colmo, nos encontramos ante un nuevo revés del Constitucional al Supremo, mostrando, otra vez, las enormes discrepancias entre ambas instituciones, precisamente cuando el Constitucional, de trayectoria tan polémica, parece estar en vísperas de grandes decisiones; me refiero, claro, a la declaración en torno al Estatut de Catalunya. Que esperemos, por cierto, que salga ya de una vez, sea la sentencia salomónica cual sea, inmediatamente después de la celebración de las elecciones del próximo 7 de junio. Parece escandaloso que la decisión de la más alta instancia de apelación en España se demore mucho más que la propia redacción del Estatut; claro que del actual Tribunal Constitucional, cuya composición hace ya mucho tiempo que rebasó sus límites temporales, puede esperarse, o no esperarse, cualquier cosa. Y lo digo precisamente el día en el que creo que hay que alabar una de sus decisiones.

Entiendo que en este caso han triunfado los principios más legitimistas y garantistas. Adelante, pues, con la candidatura de Sastre-Benegas y otro puñado de extremistas que, confiemos, encuentren un escaso eco incluso en esas capas de la población que, por ir contra el sistema, hacen suyo el lema «cuanto peor, mejor».

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