Pedro Calvo Hernando – El CIS y el Constitucional.


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

La encuesta del CIS sobre las elecciones europeas vino a echarme una mano en mis advertencias aquí de hace tres días y puso las cosas casi en su sitio, aunque me parece todavía muy escasa la ventaja del PSOE sobre el PP si se tiene en cuanta aquello que yo decía sobre el océano de corrupción y la actitud absolutamente negativa del PP a colaborar con el Gobierno ni con nadie en la lucha contra la crisis. Ha llegado un momento en que cualquier ciudadano siente vergüenza ante la deriva del caso Gürtel y la desvergüenza de sus protagonistas, sin hablar de nuevo de la escandalosa actitud del partido tras la sentencia del YAK-42 y el renovado discurso de Aznar, en campaña para el 7 de junio, y sin olvidar otras hazañas como la del espionaje madrileño. Ahora esperamos que erigirán monumentos a Camps, El Bigotes y demás protagonistas del lado valenciano al menos. Parece que la campaña de las europeas va a ser algo más animada de lo que se esperaba. Mucho mejor así, pues con ello ganarán la democracia y la decencia..

Y la decisión del Tribunal Constitucional de invalidar la anulación de la lista europea de Alfonso Sastre viene a echar una mano a quienes siempre nos hemos manifestado enemigos de mirar para otro lado cuando el Estado de Derecho corre el riesgo de ser burlado, como era en esta ocasión. De sobra sabíamos todos que no había pruebas y que los indicios eran inconsistentes para una decisión tan drástica y grave como es la de prohibir una lista en unas elecciones democráticas. El Gobierno y los dos grandes partidos también sabían de sobra todo esto y sin embargo no han ahorrado esfuerzos por hacer prosperar la prohibición sobre una lista que puede recabar todas las sospechas del mundo, pero eso no puede nunca sustituir a las pruebas. Es otra vergüenza que por sostener posturas tan elementales haya quien ha tenido que soportar acusaciones o insinuaciones canallescas. Contra el terrorismo hay que estar y estamos todos los demócratas. Pero sin cruzar nunca la raya de la Constitución, que es lo que nos ha venido a decir su primer guardián.

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