Ante el Ministerio de la Muerte (II)

(Véase «Ante el Ministerio de la Muerte (I)»)

Vengo definiendo el picaresco y esperpéntico Ministerio de “Igualdad” como un Ministerio que, en rigor, más lo es de la Muerte, la cual, por otra parte, constituye la Gran Igualadora: de pobres y ricos, de competentes e imbéciles, de víctimas y criminales, de Bibianas y Bibianos, de peperos y psoejonsianos, de gnósticos y agnósticos, de creyentes teos y ateos creyentes.

Pero también, y aunque en distinto giro no sin mayor firmeza, como «una institución estatal al servicio del crimen “democráticamente justificado”» quedó definido el prohijado Ministerio (del latín ministerium: servicio).

¿Servicio? Servicio de exequias regulador de recogidas asépticas de cadáveres de “los justos e inocentes”, tal como, con máximo cariño y respeto, se les nombraba antaño. Se trata de un nuevo “regulador” del mercado: del mercado de los traficantes de sangres inocentes, de los herodes y herodas de ese ombligo propio e insaciable que, sin vergüenza ni pudor, llaman “progresismo”; del hético mercado de los votos indiscriminados: el mercado de los traidores al juramento hipocrático y la exuberante indecencia profesional para quienes el sagrado ejercicio de la medicina representa y vale lo que el Nuevo Mundo representó y valió a la facinerosa marinería de Colón: ¡plata, plata, plata…, y plata nada más! Que «el verdadero amor se ahogó en la sopa; la panza es reina y el dinero Dios», según Discépolo.

Ese crimen sobre las personas más indefensas, sobre las personas aún nonatas, disminuidas y tasadas al nivel de la bellota y los alcornoques por el disparate de alguno de los “intelectuales” que vienen practicando, desde hace ya un buen puñado de quinquenios, la Ética con H aspirada; la Hética que se pronuncia “Jética”: la Hética como sórdida moral de los esfínteres.

(Al sofístico Jesús Mosterín, ex-bellota versada en cerdos de Jabugo, débese la “Teoría proabortista de la bellota”, tan internacionalmente conocida en su pueblo como por desgracia ignorada de sus propios progenitores.

Este descompuesto y miserable “colega”, sobre quien repararé con mayor detenimiento, ha dejado escrito en el principal diario de la cadena del Movimiento: «A veces el embarazo imprevisto será una sorpresa muy agradable. Otras veces, llevarlo a término supondría partir por la mitad la vida de una mujer, arruinar su carrera profesional o incluso traer al mundo un subnormal profundo o un vegetal humano descerebrado.»

Este neonazi merecería, por parte de este padre de uno de esos “subnormales”, ser calificado más “more hispanico”, por ejemplo, como el verdadero cabrón vividor del Estado que es, pero un cierto pudor, recato y respeto hacia mis lectores me impide hacerlo.)

Un ritual de sangre inocente, en fin, que mediante técnicas de primaria persuasión (en la que desde comienzos de la centuria pasada imparten ejemplar magisterio todos los nacionalsocialismos de Occidente: partidos de los obreros, partidos de los trabajadores, etc.; o sea, de los obreros fragmentados y los trabajadores partidos por la “intelligentsia” de unos cuantos vividores elegidos —“entre el pueblo”), se pretende encubrir y maquillar, al socaire demagógico de determinadas mayorías parlamentarias —muy democráticas y, por sobre ello, todavía más europeas—, paradigmas inequívocos, por lo visto, de glorificados, sublimados hasta el paroxismo, inmaculados, sacrosantos e intocables palabros, donde, por palabro, vale decir palabras-emblema: “Democracia”, “Europa”, “lo Superado”…; entre otras, bajo cuyo sagrario léxico se nos exhorta ahora a la custodia del perverso vocablo e indecente eufemismo del crimen sistematizado consecuentemente con no sé qué retrógrado Progreso: el vocablo “Aborto”.

Conviene advertir en este punto que el disputado vocablo —“Aborto”— se pretende significar no como una circunstancia indeseada de la naturaleza, un infortunio inevitable cuando el caso lo impone, sino como la “libre interrupción” —libérrimo asesinato— de una vida humana en ciernes, de una persona que con efecto ha comenzado a serla alojada en el seno de otra —en virtud del mismísimo derecho natural negado o, más bien, re-negado por el socialista Peces Barba, cuya dioptría intelectual no le alcanza más allá de un derecho positivo tan diezmado ad hoc como fundado en el tricornio y el guardia de asalto—: ¡la propia madre!, a quien ahora, con mortal privilegio, liberándola de toda obligación y respeto hacia su prójimo más próximo, el gobierno Zapatero pretende otorgar, en lugar de un efectivo derecho de protección y vida, un derecho “manu militari”, de expedita y sumarísima ejecución química.

De otro modo y sofaldando contradicciones:

—«Como “progresistas”, nos oponemos a que en el Estado de California se aplique una inyección letal al penado Mr. Wylis Wallace junior, por más convicto de diecisiete asesinatos que sea, pero no a que quien placenteramente se abrió de piernas en canícula de sexual solaz ejecute químicamente al “ser vivo” anidado en sus entrañas.

» ¿Por qué? Pues por representar éste un grave atentado contra los derechos de la mujer, es decir, contra su proyecto de vida y su futuro profesional, en cuyo horizonte no se contempla la inclusión de “ese” ser vivo.»

Tal es el principio de derecho. En este caso, principio de patibularios finales, que, por otra parte, podría quedar enunciado como que, en tan criminal materia, con excepción de la madre, las demás personas no tienen derechos. Veamos por qué:

1) El “nasciturus” (no “el-que”, sino “quien”-va-a-nacer; no “el que”, sino “quien” —la persona que— va a salir del vientre materno que lo aloja, carece completamente de ellos), simplemente, porque según una ignorante —elevada a rango de Ministra por el peligroso Hechizado tras el que España pernoctará años más escuálida que el pobre gallo Bataraz, mientras él, “ateo”, vivirá su retiro mejor que Dios—, la persona concebida y alojada en el vientre de su madre no es una persona, sino “un organismo vivo”.

Además, añado yo, de un perfecto e indefenso mudo en el silencio del amnios. En su “pesperctiva” (“sic”, como abusa decir el socialista Antonio Miguel Carmona), para convencernos de ello científicamente, esta inculta de catón, de la misma escuela correligionaria de Magdalena Álvarez alias “Maleni”, estima aval bastante referirse a “dos mil científicos”, desconociendo la muy ignorante que el Tercer Reich triplicaba cuando menos en científicos de la genética y la medicina al contingente científico invocado.

Mas lo esencial a esta doctrina es que el tal “ese”, el “nasciturus”, es como —¡perdónenme ustedes!— una teta del señoro Bibiano o un pene del insufrible Hechizado, en el caso de que tenga varios, lo que nada me extrañaría: uno para satisfacer la libido, y otro para sodomizar progre-sivamente “a tergo” —por la espalda— a los muy respetables masocas atapuerquenses que con admirable fruición le soportan. (También cabe la posibilidad del pene bífido, aunque mejor será dejar esta especialísima materia para el “Comité de Expertos”.)

Ahora bien, “doctrina” deriva del verbo latino “docere”, enseñar; de ahí “docente”, “doctor” e, incluso, “dócil”: el que tiene facilidad para recibir la enseñanza —la doctrina, pues. De esto se trata: redundantemente, de enseñarnos la enseñanza y adoctrinarnos en la doctrina, como Dios manda: con docilidad a la Secta, a sus enseñanzas sobre la teta, el pene, el feto, el organismo vivo —que conviene matar, a voto por aborto— y hasta, “totum revolutum”, el culo con las témporas, aunque en Chueca jamás se ayune, como en el Imperio Español jamás se ponía el sol.

2) ¿El padre…? En los tiempos que corren ¡a saber quién coño es el padre! Además, tratándose de organismos sin cara, ¿para qué necesita usted saber quién es ese otro “ése”? De hecho, pudiendo ser uno, otro o cualquiera el padre, poco o nada importa quién sea “el inseminador del organismo vivo”. Aquí, el hombre, el inseminador no tiene derechos; y si los tiene, concluirán justamente donde su efímera satisfacción comienza. Los derechos, pues, son de la mujer. La doctrina progresista de la “discriminación-positiva” otorga los más amplios derechos a la mujer, que, aunque no se quiera ver, cuando alcanzan cierto grado de amplitud, convirtiéndose en abuso, paradójicamente dejan de serlo.

¿Alguien se ha parado a contar las Direcciones y Subdirecciones Generales de la mujer que las mujeres tienen a su servicio por toda España en calidad de privilegio demagógico —a su servicio, sobre todo, las doblemente privilegiadas que con pingüe sueldo trabajan en tales instituciones? Como también, ¿a contar las Direcciones y Subdirecciones Generales a tal fin disponibles para el hombre?

Según parece, purificados de sus incongruencias históricas, contradictoria y sorprendentemente por una de las sectas occidentales más anti-democráticas y anti-europeas de los últimos cien años —el PSOE de las JONS: el mismo que facciosamente se alzó en armas contra la Segunda República Española dieciocho meses antes de estallar la Guerra Civil y que tanto contribuyó a traerla—, es como si, vírgenes del tiempo, del óxido semántico y la crítica, dichos superlativos vocablos (“Democracia”, “Europa”, “lo Superado”…) gravitasen in aeternum sobre la estratosfera de las perfecciones máximas.

Consecuentemente con ello, “la señoro responsabla” del Alto Tanatorio de los Ministerios, don Bibiano Aída, con carita de enjuague, declara no entender por qué se protesta ahora contra el aborto, reabriendo un debate “superado” por la sociedad española. Por lo visto, la reflexión crítica sobre la democracia no es democrática, lo mismo que muy poco europeísta la analítica sobre qué sea o haya de ser Europa, sobre todo si le tocas los bolsillos a los honrados representantes de tanta desagradecida ciudadanía.

Bien lo advierte, con denuedo y sin descanso, “Iñaki el de la Cuatro”: que el fascismo está al acecho. Por otra parte, volver sobre “lo Superado” no es progresista; lo que no es progresista —quién lo ignora— es de derechas y, en España, bien sabemos cuál es el significado de la derecha, especialmente, por los últimos vídeos pedagógicos del PSOE de las Jons, que es la forma en que el hermano de Iñaki, “el hermano Gabilondo” —otrora del Sagrado Corazón de Jesús— hoy Ministro de Educación, tiene de entender las “misiones pedagógicas” de la República y, por descontado, los principios de formación ciudadana de la Institución Libre de Enseñanza. Pobre don Francisco Giner, pobre don Pablo Iglesias, pobre don Julián Besteiro. ¡Pobres santos laicos de España! ¡Descansad en paz!

Querría don Bibiano gozar de potestad suficiente para exigir a los españoles disciplinado silencio ante una de las más cobardes y repugnantes barbaries, sembrada, aflorada y protectoramente abonada en la criminal selva selvaggia del neonacionalsocialismo democrático.

Querría, pero-no-puede; y ello porque los españoles aún no hemos perdido del todo la dignidad. Aún.

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R. Malestar Rodríguez
www.castaparasitaria.com
rmalestar[@]gmail.com
(31/05/2009)

Autor

Roberto Malestar Rodríguez

Roberto Malestar (Vigo). Heterodoxo; filósofo —licenciado, graduado y doctorando en filosofía por la Universidad de Santiago de Compostela. Publicista, ensayista y articulista. Es, además, letrista e intérprete de tangos, folclore hispanoamericano y otros géneros.

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