Fermín Bocos – Mala semilla.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Habría que prohibir las campañas electorales. Prohibirlas porque crispan artificialmente la vida nacional. Los políticos van a lo suyo; son faltones; se insultan; acusan sin pruebas; mienten, siembran dudas sobre sus antagonistas -de los que hablan como enemigos-. Ese es su mundo durante los días que dura la campaña.

Después, una vez hecho el recuento de votos, la mayoría cambia de discurso y con aires de gran dignidad se envuelven en la clámide exigiendo el respeto que no conceden a los demás. Puro teatro.

Hablan mal y luego se quejan de la ola de la brutalidad, de los malos modales y de la chocarrería que se respira en la calle. Se quejan y le echan la culpa a los planes de estudio y a las malos ejemplos que promueve la televisión. Es cierto que las fantasías televisivas alimentan el resentimiento de las gentes más desfavorecidas -que se toman en serio las cosas que se ven en las series que emite la televisión-; pero tengo para mi que ésa no es la peor escuela. El peor ejemplo son las atrocidades que dicen los políticos y recogen las crónicas de los telediarios.

La política le debe casi todo al teatro y como en el teatro, en la política hay actores buenos y actores malos. Los malos olvidan la función pedagógica del discurso público. Sí en campaña electoral vale todo; sí el ejemplo que dan los políticos es el de un hablar faltón e irrespetuoso para con sus oponentes deben saber que están sembrando la peor de las semillas: la del odio entre españoles .Mala cosa.

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