José Cavero – Cada cual en su sitio.


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Ese fue el principal mensaje de Zapatero en su primera comparecencia pública tras las elecciones del domingo, en el Senado, en la tarde del martes. Había llamado la atención, y había merecido críticas internas y exteriores a su propio partido, el hecho de que Zapatero no hubiera dado la menor explicación al retroceso socialista o al alza del PP en esas elecciones. Lo hizo en el Senado y quiso poner a cada cual en su sitio: «Lo único evidente es que usted sigue sentado donde está», dijo al portavoz del PP, García Escudero. Es decir, el Gobierno sigue gobernando y la oposición sigue en sus escaños, pero nada más ha cambiado, aunque los populares celebren los resultados y el PSOE los lamente…

Pero no hay cambio sustancial en la función de cada uno, por más que los militantes del PP, ya en la noche del escrutinio, reclamaron la dimisión de Zapatero y la llegada de Rajoy a La Moncloa, y por más que las dos «mujeres fuertes» del PP, Sáenz de Santamaría y Cospedal, hablaran de mociones de confianza, mociones de censura y hasta de elecciones anticipadas. Zapatero es de la opinión de que nada ha cambiado como para tener que afrontar esas pruebas que no están establecidas en ninguna previsión constitucional.

Mariano Rajoy parece mucho más sensato, en esta situación, y se ciñe al guión: vamos a seguir trabajando, vamos a seguir intentando acuerdos con otras fuerzas políticas, dice consciente, probablemente, de que hoy por hoy nada trascendente ha cambiado, salvo esa victoria del PP sobre el PSOE en las elecciones europeas que no tiene por qué mover el molino de la política interna, contrariamente a lo que querría el PP. Mariano Rajoy quiere disponer a su partido para terminar de construir la alternativa sin precipitar los pasos establecidos.

En la opinión pública, por lo demás, queda una extraña sensación: cómo es posible que el PP haya vencido, sobre todo, en aquellas autonomías donde más activo ha estado la trama de Gürtel-Correa, Valencia y Madrid, y donde el Partido Popular ha dado la impresión de querer imponer su opinión a la que finalmente determine el juez del caso. Como si los votos cosechados anularan las pruebas contrarias a los dirigentes alcanzados por el escándalo de las «dádivas y regalos» efectuados por los organizadores de eventos…

Y para que se compruebe que nada esencial se ha modificado, Zapatero afronta, seguidamente, la cuestión de la central nuclear de Garoña, y lo hace invocando, nuevamente, las promesas electorales. Es decir, inclinado a decidir el cierre de la central nuclear una vez que termine el tiempo de su vida útil, establecido para 2011, cuando cumpla cuarenta años de existencia. No se apea Zapatero ni por las presiones del sector eléctrico y nuclear, ni por las presiones de quienes piensan que debiera reconsiderarse la decisión, o de quienes entienden que la posición de Zapatero es más endeble y no dispone de la fuerza suficiente para adoptar medidas de esa envergadura y trascendencia.

Pero gobernar es eso: adoptar las medidas adecuadas en el momento conveniente. Era una promesa electoral y corresponde ahora ponerla en práctica, viene a decir, impasible, el presidente pese al mal gesto que puede observar en los más decididos pronucleares: varios compañeros de su propio partido, los «lobbystas» pronucleares, y las empresas favorecidas por este tipo de energía, todos a una… Pero tampoco será sencillo: no todo es placidez en el lago socialista. Tampoco faltan quienes reclamen responsabilidades y autocríticas…

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