Consuelo Sánchez-Vicente – Se acabó el recreo.


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

¡Qué peligro tiene esto de echar carreras a ver cuantas elecciones de ventaja le saca el PP al PSOE o el PSOE al PP! O Zapatero a Rajoy por ir a lo último. Una de las más aceradas maldades que le lanzó el presidente del Gobierno al líder de la oposición tras las recientes elecciones europeas fue, como recordarán, que Rajoy haría bien en no ir por ahí presumiendo de haberle ganado a él esas elecciones pues, desde que Rajoy heredó a Aznar, lo cierto y comprobado es que el PP sólo gana las elecciones a las que no se presenta su actual líder, como Galicia o Europa, y que personalmente Rajoy sólo acumula derrota tras derrota. «Como Zapatero en Madrid», respondió ayer mismo al presidente una de las más inteligentes cuñas de la misma madera que tiene en estos momentos el PSOE, Joaquín Leguina. Porque como el ex presidente socialista de la Comunidad de Madrid le recordó a «su» líder con esa mala leche que saca a pasear cuando quiere hacer pupa, Zapatero nunca ha ganado a Rajoy en Madrid

En cuestión de medallas electorales a mí me parece que Zapatero y Rajoy tienen tanto de qué presumir como por qué callar, según se mire. Respecto a las europeas, por ejemplo, mi opinión es que los dos deberían estar cubiertos de ceniza -Zapatero más que cubierto, rebozado en ceniza- por la alta abstención que ha producido el desencanto de los ciudadanos con la política. Es cierto que Zapatero ha dejado dos veces a Rajoy con la miel de La Moncloa en los labios, en 2004 mucho más que en 2008, pese a Madrid, donde nunca ha batido ni a Rajoy ni al PP.

Que Madrid le escuece al presidente resulta obvio, y es compresible. El baldón de Madrid es especialmente humillante para cualquier líder nacional porque por plurales que nos pongamos «la capital» sigue siendo el crisol de todas las vanidades. Todos quieren triunfar en Madrid. Este juego de medir quién escupe más lejos electoralmente, si Zapatero o Rajoy, tiene su morbo, por supuesto, y además da para sonreír un rato ante tanta vanidad herida. No está mal un poco de «recreo» con lo tensos que estamos. Pero la crisis no va a amainar sola, y lo que ahora toca es clavar los pies en el albero de la realidad y concretar esas famosas reformas estructurales anticrisis de las que tanto se habla, cuanto antes. Con el máximo consenso posible, por supuesto, pero también con la máxima urgencia. Y en el bien entendido de que, sea cual sea el consenso, la responsabilidad i-ne-lu-di-ble de ponerlas en práctica corresponde, no a los sindicatos, ni a la patronal, ni a la oposición, sino al Gobierno.

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