Fernando Jáuregui – No te va a gustar – ¿Flexibilizar el empleo?


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

Vienen, de cuando en cuando, algunos de los grandes gurus de la economía mundial y nos sueltan, a los españoles pendientes de su docto magisterio, alguna receta: hay que flexibilizar el empleo, por ejemplo. Al menos, el presidente del Banco Central Europeo, señor Trichet, ha sido claro: hay que abaratar el despido, que en España, opina él, está muy caro. Coincide en eso, parece, con el gobernador del Banco de España, don Miguel Angel Fernández Ordóñez. Y con otros, se llamen socialdemócratas o liberales, que en eso de facilitar al empresario echar al trabajador parece que no hay conflicto de ideologías.

Menos mal que no todas las recetas que se ponen sobre la mesa de Zapatero, que de eso sabe algo menos que los llamados expertos, van en el mismo sentido: para salir de la crisis hay tantas recomendaciones como cabezas de huevo surgidas de la London School of, del MIT o de las fábricas diversas de premios Nóbel de la economía. Pero hay mentes más abiertas, o menos parciales, que admiten que no es seguro que, abaratando el despido, se genere automáticamente empleo: puede, incluso, que se agrave el desempleo, porque la tendencia empresarial ahora estriba más bien en deshacerse de personal a cualquier precio que en contratarlo, por muy precarias que sean las condiciones para hacerlo.

Obviamente, no tengo más masters en economía que la experiencia que me da el haber pasado, a lo largo de treinta y siete años, por los más duros aprendizajes como asalariado, autónomo y pequeño empresario. Pero puede que este bagaje, y algún viaje de estudios específicos, me sirva para que algunos puristas toleren que yo pueda aventurar mi opinión: ni es cierto que el despido en España sea intolerablemente más caro que en otros países europeos, ni creo que debamos dar un paso atrás en la única conquista social verdaderamente importante que heredamos de «la oprobiosa».

Una cierta seguridad en el empleo, con todos los matices que usted quiera, es el último bastión que yo esperaría que defienda un Gobierno socialista. Y unos sindicatos que antes se llamaban «de clase». No creo, la verdad, que las cosas hayan cambiado tanto como para tener también que arriar esta bandera.

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