Charo Zarzalejos – El vértigo de lo efímero


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Confieso que inicio estas líneas con un cierto temor. Cuando lo hago, la actualidad, a grandes líneas, está en la muerte de Michael Jackson, en el cruel empecinamiento del régimen iraní, en el mitin de Rajoy en Valencia, en el comienzo del fin de la carrera de Saiz al frente del CNI y en la suerte más que incierta de Bárcenas, aún hoy tesorero del PP. Es un listado muy somero, pero sirve para apañarnos. Pero visto lo visto, hay que asumir, y cuesta hacerlo, el vértigo de lo efímero.

Nada ni nadie está en este mundo para quedarse, pero en estos últimos ocho días la noticia de verdad, de fondo, es lo efímero. Si se acuerdan, murió Vicente Ferrer, un hombre que ha demostrado que con trabajo y esfuerzo el mundo puede ser mejor de lo que es. Su muerte conmocionó y echó a la calle a cientos de miles de personas que habían encontrado en él el milagro hecho persona.

Apenas había comenzado su velatorio, a miles de kilómetros de distancia y en medio de la opulencia que Ferrer nunca conoció, los asesinos de ETA estallan el cuerpo de Eduardo Puelles. Y Eduardo sustituyó en los periódicos y en la conmoción a Vicente y, lo que son las cosas, desde hace tres días, Michael Jackson ha sustituido a Vicente, a Eduardo y apenas ha dejado una rendija para el fallecimiento de esa bellísima mujer que fue Farrah Fawcett. Ojalá no ocurra, pero nada me sorprendería menos que en poco, poquísimo tiempo, Michael Jackson encuentre olvido, porque lo efímero retome el vértigo de los últimos días.

Todos los duelos son dignos. Los que se expresan en silencio y los que se organizan a través de la red. Todos son dignos, pero no iguales. Y puestos a glosar me quedo con el duelo que generó Vicente Ferrer, que logró adueñarse de los corazones de los más débiles para hacerles ver que eran grandes. Y me quedo también con el duelo por Eduardo Puelles, solemne y sobrio. Y pienso más en ese hijo de Farrah Fawcett que se enteró de la muerte de su madre en el correccional en el que está internado.

Entiendo mejor estos duelos que el organizado por la muerte de Michael Jackson, que ha resultado ser todo un fenómeno social, pero no un referente que inspire admiración. Más bien me sugiere compasión, porque da la impresión de que murió sin saber quién era, después de toda una vida –50 años– tratando de inventarse a sí mismo.

Si los ricos también lloran, los mitos también mueren. Desaparecen y eso, me reconocerán, impresiona un poco, pero lo que produce más agobio es que en tan pocos días haya tantos y tan distintos duelos conocidos. Y digo conocidos porque poco o nada sabemos de los duelos de las personas asesinadas en Irán por oponerse a la locura del régimen, de las que mueren en cualquiera de las prisiones horribles que todavía quedan en el mundo.

La actualidad efímera de los últimos días está teñida de luto. La otra, la que tiene más recorrido y menos dramatismo se llama y se seguirá llamando, Saiz y Bárcenas, ambos en el alambre de la suerte incierta que les acecha.

CHARO ZARZALEJOS

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