Antonio Casado – La foja de un mito.


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Informaba ayer un periodista español destacado en Los Angeles de que con el paso de los días van apareciendo personajes secundarios en la vida y la muerte de Michael Jackson. Todos tienen algo que decir sobre este artista negro que quería ser blanco, este hombre que nunca quiso dejar de ser niño, este padre que nunca pudo serlo en cumplimiento de las leyes naturales.

Con semejante cuadro en la biología y la biografía del llamado rey del pop, cuyo carisma ha desbordado todos los límites de la geografía, no me extraña que a partir de ahora coticen al alza quienes estuvieron junto al artista en algún momento y con mayor o menor grado de proximidad.

Hasta ahora el más solicitado era el médico personal, Conrad Murray, al que se le podría haber ido la mano en la administración de narcóticos blanqueados por la industria farmacéutica. Luego han ido reapareciendo el antiguo representante de Jackson, la niñera, el médico, la enfermera, la segunda esposa, con la que tuvo dos hijos por inseminación artificial… y eso no ha hecho más que empezar.

De momento ya tenemos bastante con las causas de la muerte. Todo el mundo está buscando la caja negra del fatal desenlace del 25 de junio. Pero no la encontraremos en el científico lenguaje forense de una primera, segunda o tercera autopsia del cadáver. La caja negra de la desaparición de Jackson va camino de convertirse en leyenda para consumo de mitómanos. Se dan todos los ingredientes. Y es seguro que los comerciales del Jackson a título póstumo serán los primeros interesados en gestionar la transición entre la muerte del artista y la forja del mito. Dos manufacturas de largo recorrido.

No es obligatorio sumarse a este largo adiós a Michael Jackson, cuyos funerales aún no tienen ni fecha. Se puede y se debe reconocer al genio en sus méritos musicales, más allá de los gustos de cada uno, pero no en las extravagancias de su conducta. Sin embargo algunos se empeñan en asociarlas a su talento, como si fuera propio de un genio, por ejemplo, una sexualidad extraviada, el síndrome de Peter Pan, el pánico a los microbios ajenos, la adicción al bisturí, etc.

Pues, lo siento, pero el que subscribe sólo ve en esos rasgos de la conducta de Jackson unas cuantas patologías de la mente y de ninguna manera una expresión del genio. La extravagancia es otra cosa. Es la huída de los lugares comunes como una forma de provocación. Recordemos a Dalí, por ejemplo. Nada que ver con este chico de Indiana.

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