Andrés Aberasturi – Yo les acuso.


MADRID, 13 (OTR/PRESS) El secretario general de Presupuestos y Gastos del Ministerio de Economía y Hacienda, Luis Espadas, anunciaba el viernes que, «en principio», el gasto en materia de Dependencia «se va a congelar» en 2010. «No está proyectado que podamos incrementarlo», advirtió. En consecuencia, opinó que, además de una «parada» en el desarrollo de la Ley de la Dependencia, está «garantizada» una «bronca política». Espadas consideró que esta Ley requiere una «reconsideración desde la perspectiva de su financiación».

¡Pobre señor Espadas! Acierta en casi todo y se equivoca sólo en una cosa pero que es fundamental: en lo de la broca política. El resto, salvo el Gobierno, y al parecer la oposición, ya lo intuíamos todos y muy especialmente los que tenemos algo que ver con la discapacidad. La Ley nos pareció inviable desde su nacimiento y cuando llegó la crisis, tiramos definitivamente una toalla que sólo nos había servido para taparnos la cara ante la continuada e inmoral desvergüenza de un Gobierno al que no se le caía de la boca el importante avance social que esta Ley representaba, que la calificaba como la «cuarta pata» de un estado del bienestar y que aireaba como si ya estuviera plenamente cumplida una y otra vez ante la manifiesta inoperancia del Partido Popular incapaz de poner las cosas en su sitio pese a las buenas intenciones de Ana Pastor.

Pues eso es lo que queda de esa Ley, tan demagógicamente paseada por el Gobierno del PSOE pero varada casi desde sus entrada en vigor en 2007, congelada ya en 2010 y con un futuro que «hay que reconsiderar», según el propio secretario de estado. Ahí están las reiteradas promesas del Presidente asegurando una y otra vez que el gasto social no se iba a tocar; ahí están, en el pasillo de lo vendido y nunca cumplido, los miles de puestos de trabajo que iba a crear la Ley. Ahí está, sobre todo y por encima de todo, la leve esperanza de millones de personas rota en mil pedazos después de haber sido utilizados como moneda de cambio político en discursos mentirosos, en peleas partidistas, en mítines electorales.

Pero que no preocupe el señor secretario de estado: no habrá bronca ni política -que es la que le preocupa a él- ni social -que es la que debería de haber y la única que realmente le debería preocuparle- Quienes podrían darle la bronca política, pasan del tema, están en otra cosa: o comprados por la financiación autonómica o preocupados por tesoreros que atesoran. Tranquilo, nadie les va a sacar los colores, señor Espada, nadie va a pedirles cuentas de esa inmoralidad manifiesta que usted ha dejado clara. Tal vez en algún rincón de algún periódico se escriba una columna como esta llena de indignación, desamparo, ira y tristeza.

Yo les acuso de mentirnos, de engañarnos sabiendo que nos engañaban, de jugar con nuestra debilidad, de quebrar la mínima esperanza de mucha desesperación, mucho trabajo y mucho dolor. Yo les acuso de engañarnos con la promesa de la Ley, con la Ley misma y con lo que ahora usted ha anunciado. Hacia ustedes se dirige mi dedo acusador que no va a cortar autovías por la fuerza ni a cambiar fotos quemadas del Rey por unos millones de euros. Les acuso a ustedes y les desprecio como desprecio a una oposición silente por intereses o incapaz de ver dos palmos más allá que sus propios problemas.

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