Cayetano González – EL partido de Rosa Díez.


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Es posible que tenga razón Rosa Díez y que lo que le está pasando al partido que ella y otras personas fundaron hace dos años, UPyD, sea simplemente una «crisis de crecimiento», pero ojo con ese tipo de crisis, porque se sabe como empiezan pero casi nunca como acaban. De momento, uno de los «padres fundadores», Mikel Buesa, ha abandonado el partido dando un sonoro portazo con acusaciones de grueso calibre hacia la forma de dirigir el partido y el protagonismo de Rosa Díez. Además, catorce militantes, entre los que se encuentra algún responsable provincial, han sido expedientados por la dirección y para esta semana se anuncian otras bajas, fundamentalmente de la organización de Madrid.

UPyD ha generado en estos casi dos años de vida unas nada despreciables dosis de ilusión en ciudadanos que estaban hastiados y desencantados con el funcionamiento de los partidos «tradicionales» y se habían refugiado en la abstención. O en votantes del PP y de PSOE que habían ido perdiendo la confianza en estas dos formaciones o en sus líderes. El hecho es que en su corta vida, UPyD ha conseguido tener ya representación en el Congreso de los Diputados, en el Parlamento Vasco y en el Parlamento Europeo, aunque sólo haya sido con un representante en cada una de esas Instituciones.

Es verdad que la fuerte personalidad y la gran capacidad de comunicación de Rosa Díez lo llena todo, hasta el punto de que su formación política es más conocida como «el partido de Rosa» que por las propias siglas. Eso, como casi todo en la vida, tiene sus ventajas pero también sus inconvenientes. Pasados estos primeros años, quizás ha llegado el momento de que UPyD se estructure mejor en lo que se refiere a sus órganos de dirección y de toma de decisiones, aunque el peso de su líder, como en cualquier otro partido político, sea un factor fundamental. El I Congreso que UPyD tiene previsto celebrar en noviembre debe de servir para lograr ese objetivo.

UPyD puede seguir teniendo un papel importante que jugar en el actual mapa político. Su defensa, sin complejos, de la igualdad de los ciudadanos residan donde residan y de su derecho a hablar y a recibir la educación en castellano; su oposición a que los partidos nacionalistas sigan chantajeando al Estado; su firme discurso en pro de la derrota de ETA son sus notas mas positivas. En mi opinión se equivoca cuando carga demasiado las tintas en su perfil laicista que es algo muy distinto a ser un partido laico. Pero si no quiere empezar a ser percibido como un partido igual a los que ya existen, UPyD no puede permitirse el lujo de «crisis» como las que está viviendo en estos momentos, sea de «crecimiento» o de otra cosa. Los electores son implacables con aquellos partidos que son noticia por sus peleas internas. No inspiran confianza y generan rechazo. El ejemplo de lo que ha pasado a Ciudadanos en Cataluña debería servir de lección para «el partido de Rosa Díez».

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