Antonio Casado – Sangriento aniversario.


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

Hace cincuenta años que unos cuantos cachorros del nacionalismo vasco decidieron crear una alternativa más resolutiva que la representada por sus mayores del PNV. A su entender, demasiado perezosos a la hora de seguir reclamando la patria vasca como una unidad de destino en lo universal. Y demasiado acomodaticios en pleno reinado franquista.

Así nació aquella primera ETA del guipuzcoano «Txillardegi» y el vizcaíno Madariaga. De doble estirpe, nacionalista y católica. Un brote verde de aquel indolente PNV adscrito en el calendario a la protección de San Ignacio de Loyola. Aquello dio lugar a esta derivada sangrienta que ha asesinado a 823 personas. Las últimas, los dos jóvenes guardias civiles, Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá, elegidos por los etarras para celebrar el medio siglo de existencia de una siniestra organización que, en nombre de la patria vasca, no ha hecho más que violar sistemáticamente el Código Penal y el Quinto Mandamiento.

Hoy día, ETA es una organización aislada, sin apoyo social, sin cobertura internacional, sin representación institucional, con su brazo político amputado por la Justicia y con menos militantes en activo que en la cárcel. Acorralados por la policía y con fecha de caducidad cada vez más breve. Pero han aprovechado este cincuenta aniversario para decirnos que siguen vivos y son capaces de hacernos sufrir mucho todavía.

No más fuertes pero sí más locos. Eso les hace precisamente más peligrosos. Es la doctrina Rubalcaba, expuesta después de la frustrada masacre de Burgos y en vísperas del atentado de Mallorca. Son los continuadores de «Txeroki» (Garikoitz Aspiazu), el jefe del aparato militar de ETA, detenido en Francia a finales del año pasado y cabeza visible del ala dura de ETA, la que acabó rompiendo la tregua de 2006 con el atentado de la T-4, frente a las tesis más pactistas de José Ternera.

A pesar de los atentados de estos días, es un lugar común que la banda terrorista está en la recta final de su historia sangrienta e inútil. Nunca consiguieron nada de lo que se proponían: autodeterminación, territorialidad, cambio de marco político, respeto social, etc. Y hay coincidencia general en entender que el desguace policial de sus tramas operativas les ha puesto al borde de la derrota definitiva.

Por suerte, en el bando de los demócratas se ha desvanecido el fantasma de la división. Los actos de repulsa de estos días ponen de manifiesto que la hoja de ruta para acabar con ETA ya responde a una estrategia compartida. No puede ser otra: eficacia policial, unidad política y colaboración francesa. Además, fe en el Estado de Derecho y advertencia a los terroristas de que no habrá más oportunidades para la negociación y que así no conseguirán.

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