Consuelo Sánchez Vicente – Tarde para actos de fe


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Ni diálogo ni legalización, es la fórmula del ministro del Interior Pérez Rubalcaba para acabar con ETA. «Que se acabe» por sí sola, como por arte de magia, ya no forma parte, por fortuna, del insufrible discurso institucional que ha venido acompañando desde Ajuria Enea la condena de los atentados de ETA durante los gobiernos del PNV, tan fría como hiriente. Esa odiosa equidistancia institucional que tanto ha ofendido ya es pasado. Ahora el lehendakari Patxi López se persona junto a las víctimas a la velocidad del rayo en un gesto de honor, y se suma tras ellas a los duelos para que nadie dude de qué lado está, y Zapatero y Rajoy, gobierno y oposición, comparten corbata negra y avión oficial donde antes todo era división

Antes no es ahora. Ni diálogo con ETA porque ese tren ya ha pasado, ni legalización de Batasuna se ponga como se ponga la banda y se llamen como se llamen sus cómplices, mientras exista ETA, asegura Rubalcaba (y permítanme está flor antes de concluir: posiblemente sea el mejor político de este país, y entre los ministros de Zapatero sin duda es el mejor, de largo, incluido el presidente, en mi opinión, claro). Bien lo primero, se acabó: con ETA ya no queda de qué dialogar que no hayan traicionado o les haya bastado. Pero mejor aun, para mí, lo segundo: la re-legalización de Batasuna – sobre la que se espera una nueva ofensiva-trampa este otoño, de lobo con piel de «hombres de paz» en plan, dejadme volver al sueldo oficial que le voy a decir a ETA que lo dejen – solo cuando ni recordemos que existió la banda terrorista ETA

Si el presidente del Gobierno que es un comunicador tan extraordinario desmintiese cualquier posibilidad de re-negociar con ETA tan clarito como su ministro de Interior, ¡qué bien nos iría, cuánto tiempo dejaríamos de perder en la dialéctica suicida de si podemos fiarnos (o no) de que Zapatero no volverá a dialogar con los terroristas, o si hasta que diga «derrotar» a ETA no será de fiar (¿o sí?), o que por qué no retira la autorización del Congreso para negociar con la banda si quiere que le creamos! Pero Zapatero o no sabe o no puede o no quiere hablar tan claro como Rubalcaba. El sabrá por qué. Y el miedo a confundir deseos con realidad hace que quienes pensamos que ha aprendido la lección, sin coincidir en nada con quienes ya le ven en el papel de «traición, dos», nos reservemos la opinión sobre que de verdad alberga este presidente del gobierno en su corazón.

CONSUELO SANCHEZ VICENTE

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