Fernando Jaúregui – No te va a gustar – Ahora, Camps debe cambiar algunas cosas.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Algunas veces he repetido -y no siempre los lectores me han acompañado en este punto de vista_que el «caso Camps» era un exceso desde el punto de vista jurídico-penal. La sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Valencia este lunes me ha venido, hasta cierto punto, a dar la razón: demasiado escándalo por tres trajes y demasiado ruido de togas para una vista oral –¡con jurado!_que, de haberse producido, y de haber sido hallado culpable el señor Camps, le habría valido una multa inferior a tres mil euros.

Así que habrá que dar, en principio, la enhorabuena al presidente de la Generalitat, que ha salido indemne de un asunto pringoso por estar incurso en la «trama Gürtel», donde no cabe la menor duda de que hay actitudes corruptas por parte de los principales implicados y también por parte de algunos alcaldes y altos cargos del Partido Popular. Sin embargo, era difícil inmiscuir a Camps y a los otros tres imputados valencianos en el mismo saco que a los alcaldes madrileños o al tesorero del PP, por citar algunos ejemplos, aunque este último no verá sustanciado su tema en los tribunales hasta este otoño.

La honradez de Camps, como la de la alcaldesa Rita Barberá -a la que también se acusó de haber recibido unos bolsos, encima parece que falsos, de regalo–, ha de ser defendida mientras no existan pruebas en contrario. Y no puede mancillar una trayectoria que a mí me parece honesta el haber recibido un regalo a cambio de nada, que es de lo que trata esa extraña figura del cohecho impropio, que exige su urgente reforma en el Código Penal: para precisarlo, acotarlo y adaptarlo a unos límites razonables.

Esto es una cosa. Otra es cómo se ha gestionado en la Generalitat esta crisis. ¿Mintió o no mintió Camps cuando dijo que había comprado los trajes de su bolsillo? La sentencia judicial parece aceptar la tesis de Camps, si bien el texto no parece entrar a fondo en el asunto; el presidente de la Generalitat tiene, en todo caso, derecho a la presunción de inocencia, y ahora más que nunca. Y no vale alegar que tal magistrado era o no amigo de Camps, porque eso sería casi tanto como acusar a ese magistrado de prevaricador, lo que resulta siempre en exceso arriesgado y quizá un punto arbitrario.

Sin embargo, pienso que el señor Camps debe aprovechar este lance, para él tan gravoso y doloroso, para modificar algunos métodos, especialmente los relacionados con la comunicación, y acaso habrá de remodelar algo el plantel de sus más inmediatos y elevados colaboradores, que, por decir lo menos, creo que no le han dado buenos consejos.

Entiendo la irritación de los responsables de la Comunidad Valenciana con algunos medios de comunicación, que han llegado a explotar incluso la publicación de nombres que habían recibido regalos navideños de Orange Market por valor de cien euros. Y que probablemente han extremado su ardor purificador hasta más allá de lo razonable. Pero eso no justifica algunas actitudes y omisiones del canal autonómico de televisión, y mucho menos los silencios del propio Camps y de sus colaboradores frente a la prensa.

Hoy es, qué duda cabe, un día de alegría para Francisco Camps, pero también una jornada en la que debe reflexionar muy a fondo: no basta con ganar elecciones -sobre todo, cuando enfrente no hay casi nada_ para tener convencidos a los electores, como no basta con votar cada cuatro años para considerar que se vive en una plena democracia. Y tampoco es suficiente ganar un caso en los tribunales para pensar que se tiene toda, toda la razón.

fjauregui@diariocritico.com

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