Rafael Torres – Al margen – Las cuentas del Rey


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Las cuentas del Rey no son opacas como dice el coordinador general de Izquierda Unida, Cayo Lara, sino opaquísimas. El Estado le libra, a cuenta de los presupuestos, un buen dinero cada año, pero el hecho de que no comunique a Hacienda en qué se lo gasta a través de la declaración del IRPF ni de ninguna otra, no constituye falta ni delito según la Constitución del 78, la de la restauración monárquica, que consagra y blinda el secreto.

El Rey vive, y todo hace suponer que bastante bien por cierto, del dinero público que Hacienda extrae voraz y sin contemplaciones del bolsillo de los ciudadanos, de los trabajadores particularmente, pero también, lo más probable, de sus rentas y de sus negocios particulares, de los cuales ni Hacienda ni los ciudadanos tampoco saben nada. ¿Podría estar relacionada la inveterada inclinación de los españoles a defraudar al Fisco con el hecho de que las cuentas de la máxima magistratura del Estado actual sean opacas, impenetrables, al escrutinio de la sociedad?

Bien es verdad que la razón económica no es, pese a su importancia y aparatosidad, la única, ni siquiera la principal, para debelar la Monarquía, esa cosa antidemocrática por excelencia, pero no lo es menos que cuando la crisis económica sacude brutalmente a media España (a la otra media, no), cuando millones de trabajadores se hallan en paro forzoso y sin esperanza alguna de encontrar empleo, cuando en más de un millón de hogares no se ingresa otra cosa que las cuatro perras de la beneficencia gubernamental, cuando los deshaucios y los embargos se suceden vertiginosamente, y cuando, en fin, la depauperación de esa media España amenaza, esto sí, con romperla, no estaría de más que, siquiera por remusguillo personal, el Rey, que es una persona como cualquiera otra, cumpliera con todas las obligaciones fiscales que la sana convivencia exige. Esto, desde luego, tendría que salir de él, porque si se ha de confiar en la presión de los políticos y de las instituciones que anteponen su juancarlismo al interés general de la Nación, las cuentas del monarca seguirán inquietante fundidas con la oscuridad.

RAFAEL TORRES

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