Mabel Redondo – Entre bambalinas – Julián Lago perdió su apuesta por una nueva vida


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

«He sido un hombre solo, una persona que siempre ha permanecido sola aunque haya estado rodeado de gente», así se expresaba Julián Lago en una de sus últimas entrevistas televisivas. Estas frases las pronunciaba al hilo de su último libro titulado «Un hombre solo», recopilatorio de sus memorias sentimentales, es decir de las vivencias que más le marcaron a lo largo de su existencia, como él mismo las calificaba.

Bajo esa apariencia de hombre duro, fuerte, tosco, autosuficiente y si me apuran, según algunos, un tanto soberbio, el vallisoletano no tenía pudor en reconocer públicamente su incesante búsqueda del amor a lo largo de toda su vida; «el amor es como una traca, primero un gran resplandor y después solo queda el olor a pólvora. Tú estás con un persona diez o veinte años y puede que no tengas lo que llegas a conseguir con otra con la que estés dos meses. El amor no se mide. Puedes vivir momentos mágicos y después de eso no tener nada».

Estas palabras las pronunciaba hace tan solo un año, poco antes de partir rumbo a Paraguay con su novia Elva Yolanda Franco con quien decidió apostar por iniciar una nueva vida en el país natal de ella. Tan solo seis meses tuvo el periodista para poner en marcha su objetivo; la pareja se instaló en una hacienda que compró Julián en la localidad de Simón Bolivar, y fue allí donde potenció al máximo su generosidad ayudando a comunidades de indios guaraníes y comprando ganado para las familias de la zona rural. El siguiente paso iba a ser crear escuelas de alfabetización para los niños del pueblo. Seguro que los habitantes de esta pequeña localidad han sentido especialmente la pérdida del periodista.

Pero quien más le va a añorar ahora será Yolanda, la veinteañera con quien compartió los últimos tiempos de su existencia. Ella estuvo a su lado a lo largo de los tres meses que Lago permaneció ingresado en el Centro Médico Bautista de Asunción. La joven no podrá olvidar aquél fatídico 14 de mayo cuando al salir de su vehículo Julián fue arrollado por un motociclista que iba a gran velocidad. El mediático periodista quedó inconsciente minutos después del accidente, un coma que resultó irreversible le impidió volver a tomar contacto con la realidad. En la madrugada del martes 4 de agosto Julián Lago se rendía definitivamente y nos dejaba en el hospital de Paraguay.

Los hijos del periodista Ana, Víctor y Pablo y su ex mujer Natalia Escalada acudieron a verle en cuanto se enteraron del accidente pero finalmente tuvieron que regresar a España por lo que fue Yolanda la persona que le cuidó hasta que dio su último suspiro. Algunas malas lenguas la han criticado y la han acusado de querer aprovecharse del dinero de Julián, nada menos cierto que eso, la joven ha invertido todos los ahorros en pagar las facturas del hospital, los honorarios no bajaban de los 1.500 euros diarios.

Mi amiga y compañera Paloma Barrientos trabajó con él durante varios años en las revistas «Tiempo» y «Tribuna». En las redacciones que son la mina del gremio periodístico solemos pasar muchas horas y es cierto que los compañeros nos convertimos en una gran familia. Al hilo de esto, Paloma cuenta que en un ambiente distendido, Julián Lago era capaz de protagonizar momentos muy divertidos y en un instante de euforia se subía a una mesa y emulaba a un torero, su frustración profesional fue no ser matador de toros, llegó solo a novillero.

Bien entrado en los sesenta Julián Lago decidió aparcar su prolífera carrera periodística y embarcarse en una nueva vida mucho más altruista y de entrega a los demás. Lástima que precisamente este giro radical se lo haya llevado antes de tiempo.

MABEL REDONDO

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