Paco Muro – Demócratas y dictadores


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Vivimos la etapa democrática más próspera y larga de la historia del mundo. Con hambre, miseria y subdesarrollo en más de medio mundo, pero con más paz, con luz y taquígrafos para las injusticias. ¿También con más derechos, con más libertad? Las legislaciones son cada vez más garantistas y la mayor parte de los gobernantes, por convicción o porque no se atreven a hacer lo contrario, tratan de que los derechos humanos se respeten más y mejor. Pero al lado de esa declaración general de respeto millones de ciudadanos ven como «sus» derechos básicos, fundamentales, son muchas veces violados, incumplidos, lesionados. El derecho a la justicia, el derecho a la defensa y el primordial derecho a la vida son, todavía, en muchos lugares una utopía o sólo palabras vacías.

Sin embargo, una cosa es el derecho y otra el negocio o los intereses políticos «superiores». Estos días, en distintos lugares del mundo estamos asistiendo a una ceremonia de la hipocresía de los países libres y democráticos respecto de los que no lo son. Tal vez se salva el caso de Honduras, donde unos y otros, los zelayistas y los michelettistas se han tomado la democracia a beneficio de inventario, pero la gran mayoría de los países han mantenido una postura firme. Lo que pasa es que Honduras no es un negocio ni una bandera que interese a todos. En China, los países occidentales miran desde hace mucho tiempo hacia otro lado con tal de mantener activo el mayor mercado del mundo. En Guinea Ecuatorial hemos ido a «celebrar», Moratinos y Fraga de la mano, los 30 años de una dictadura en la que el dinero del petróleo no llega a los ciudadanos: el 80 por ciento de la población vive sin agua potable ni electricidad. También sin libertad.

La Unión Europea ha bendecido en Teherán la investidura de Ahmadineyad, a pesar del casi seguro fraude electoral, de las detenciones, las expulsiones, la brutal represión y las protestas de la oposición. ¿Qué pensarán de nosotros los que han ofrecido su vida por defender los derechos, la libertad, la democracia, mirando hacia Occidente? En Marruecos, la democracia es poco más que una farsa diez años después de la llegada al trono del único político que no sólo puede hacer lo que quiere, sino que lo hace.

Los casos de Cuba y Venezuela van en otra dirección, pero los resultados son los mismos. Después de 50 años de «revolución», el dictador Castro, Fidel antes, Raúl ahora, dice que no ha venido para recuperar el capitalismo sino para «profundizar en el socialismo», en ese socialismo que ha condenado a los cubanos, a generaciones de cubanos, a la miseria y a la esclavitud. En Venezuela, donde han ido Moratinos y muchos empresarios españoles en busca del negocio, Chávez ha puesto en marcha una Ley de Delitos Mediáticos para amordazar a la prensa y silenciar la verdad. Al final, todos los dictadores, aunque alguno haya pasado por las urnas, buscan lo mismo. Lo malo es cuando los demócratas les dan el carné de hombres de Estado.

francisco.muro@planalfa.es

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