Charo Zarzalejos – Etica y estética


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Se sostiene con demasiada frecuencia que una cosa es el fondo y otra la forma. Quienes así piensan se conceden a sí mismos un amplio margen de maniobra, de manera que como lo importante es comer, da igual hacerlo con las manos y si de coger el autobús se trata, tampoco debe importar demasiado no guardar cola de manera civilizada. Trasladado al campo de la política la confusión entre el fondo y la forma lleva a la ruptura de algo acuñado como bueno y cierto: hay que serlo y parecerlo. Hay que ser honrado y además parecerlo; hay que ejercer el poder con prudencia y moderación y además ser prudente y moderado; hay que tener bolsillos de cristal y además parecerlo, de manera que los demás efectivamente te perciban como prudente y honrado.

Viene esto a cuento del famoso caso Camps. El Tribunal le ha absuelto del delito de cohecho impropio, el famoso artículo 426 que en algún momento habrá que revisar. Con la justicia en la mano, Camps es inocente, pero su imprudencia ha sido manifiesta, como lo demuestran las conversaciones amistosas con alguno de los encausados en el caso Gürtell. Imprudente es en política tener amigos que no lo sean de antes e imprudente, muy imprudente, es no hacerse trajes en la tienda de siempre.

La imprudencia puede llegar también desde el otro lado del Atlántico, cuando la vicepresidenta Fernández de la Vega anuncia lo que debería haber anunciado el Fiscal General del Estado, que es el responsable de iniciar los trámites necesarios para interponer recurso de casación a la sentencia de Valencia.

Todos sabemos que tener amigos no es delito y todos sabemos que el interponer un recurso es una facultad y un derecho que asiste tanto al Estado como a los particulares; pero resulta feo, muy feo, dejarse querer por quienes resultan ser unos mafiosos y resulta feo, muy feo, no tener cuidado a la hora de deslindar los campos de cada cual. Fernández de la Vega es Vicepresidenta y no Fiscal General del Estado.

Es feo, muy feo, que un día después de la absolución de Camps se detenga al portavoz del PP en el Ayuntamiento de Mallorca y es feo porque no es creíble que los motivos de fondo para esta decisión se produjeran justo cuando Camps resulta absuelto. En política hay que ser escrupuloso en el fondo y, desde luego, en las formas, porque la democracia es, en gran medida, respeto absoluto por esa liturgia que debe rodear la separación de poderes para que esta sea creíble y percibida con nitidez por los ciudadanos. No es de recibo que haya manos largas que filtren documentos que dañan seriamente la honorabilidad e ciudadanos, sean estos quienes sean.

El panorama no es alentador. Todo apunta a que entre PP y PSOE se ha iniciado, en este caluroso mes de Agosto, una guerra de fondo con los Tribunales como escenario favorito. Mal vamos por este camino, porque es el camino más seguro para que los ciudadanos se hastíen de la política y de los políticos, para que todo se emponzoñe, para que todo resulte demasiado cansino, cuando lo que se demanda es, efectivamente, justicia y que la justicia castigue como se merecen a todos aquellos que hayan cometido un ilícito y que ello se haga sin apariencia de partidismo, sin hacer más daño del estrictamente necesario y a todos por igual. Lo que no resulta soportable ni gratificante es que a la sombra del afán de justicia se libren batallas políticas.

Es muy probable que dadas las fechas en las que estamos, la inmensa mayoría de ciudadanos «pasen» de lo que ocurre, pero hay que tener cuidado, hay que enmendar este clima entre los dos grandes partidos y hay que volver más pronto que tarde a un punto de sensatez que está reñido con el desprecio a las formas y que es incompatible, en el fondo, con la seriedad que debe acompañar a un Estado de Derecho, cuya fortaleza exige que todos, partidos e instituciones, le cuiden con mimo, porque en el fondo es ese Estado el que garantiza, debe garantizar , nuestra libertad. Si se le maltrata, si se juega con él, se abren grietas por las que pueden entrar toda clase de virus y para ellos no hay Tamiflú que valga. Mucho cuidado.

Charo Zarzalejos

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