José Cavero – Las incesantes filtraciones


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Aseguran fuentes digna de crédito que todavía son unas cuantas las cajas con documentación que ni siquiera se han terminado de abrir y revisar en el caso Gürtel. Es decir, que cabe suponer que aún es mucho lo que podemos llegar a saber del insondable asunto de la trama corrupta de Correa, El Bigotes y compañeros del delito. No es de extrañar que el PP esté «de los nervios» por causa de esta materia, y que acudan a diario a los quioscos «con temor y temblor» a ver y enterarse de los nuevos datos que se ofrece casi a diario como efecto de unas filtraciones de trozos de la investigación judicial a la que debemos agradecer tan suculentas como nada ejemplares revelaciones.

Nos consta que filtrar un sumario judicial es un hecho delictivo, y así nos lo ha recordado «lleno de santa indignación», el ex ministro Trillo, pero más delito, se supone, es la comisión de los hechos que la justicia se ve en la necesidad de depurar. Incluso, por orden de importancia, habría que situar las faltas de ocultación a la opinión pública de hechos punibles que resultan abiertamente contrarios a lo que supone que es la función pública y el interés de los ciudadanos.

Por otra parte, tampoco hay unanimidad en el PP sobre este delicado asunto de las filtraciones: Mientras en la dirección nacional se reclama que cesen y se persigan las filtraciones, Esperanza Aguirre insiste en la necesidad de que el sumario termine de una vez y se haga público en su totalidad. Puede que Aguirre tenga tanta curiosidad como el común de los mortales por conocer, definitivamente, el quién es quién y el cuánto, cómo y por qué de esa trama de nunca acabar, pero que es especialmente urticante y molesta para el PP.

En el principal partido de la oposición, por si fuera poco, se pensó que la decisión del tribunal Valenciano sobre Camps daría una tregua y alejaría algún tiempo este tipo de filtraciones incómodas. Pero no está siendo así, ni mucho menos. Ahora ya hay pocas dudas de que Camps, pese al sobreseimiento de su caso, recibió trajes gratis, y por tanto, mintió repetidamente sobre el particular. Lo que se discute es si esas dádivas correspondían a favores previos o a favores posteriores a El Bigotes y su trama. Ahora nos anuncian que la revisión del caso Camps por el Supremo tardará entre ocho y doce meses, y ya ha sido denunciado ante el consejo general del poder judicial el magistrado presidente del TSJCV, De la Rúa, a migo íntimo de Camps, por no abstenerse en las deliberaciones y votación de su amigo el presidente. No habríamos de sorprendernos si alguna vez el «gobierno de los jueces» sanciona severamente a De la Rúa, por mucho que el segundo de Dívar sea un recomendado suyo, a quien ya llamaron la atención alguna vez por su partidismo.

Todo esto viene a cuento de la «penúltima revelación» divulgada este jueves, y que permite situar a Rajoy o Cospedal, en su lugar de descanso, sí, pero «en estado de agitación permanente», a la espera de los nuevos datos que, sobre todo el diario El País, les ofrecen casi a diario. Hoy hemos sabido lo que confesó el contable de Correa, juez Garzón, y que arrojan alguna nueva luz sobre la cuenta B de los «comisionistas» de la trama. Resulta que el número dos de esa organización, Pablo Crespo, ordenó al referido contable, en vísperas de los regalos de Navidad, preparar sobres con miles de euros para cargos del PP, entre ellos, posiblemente, Luis Bárcenas o López Viejo, este segundo beneficiado con 286.000 euros. Un buen pellizco en este «sorteo» de los millones. Al diputado madrileño Alfonso Bosch, según estas revelaciones de ahora, le correspondieron, al menos, 250.000 euros, que tampoco es mal regalo navideño. Y se comprueba el distinto trato dado a unos y otros militantes y cargos del PP, unos privados de militancia y de alcaldía, y otros beneficiados del olvido de los mandos. ¿Tendrán Rajoy, Cospedal y Trillo unas vacaciones relajadas? Es dudoso.

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