Consuelo Sánchez-Vicente – Cien días de esperanza


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

El gobierno del lehendakari Patxi López está a punto de cumplir sus cien primeros días en Ajuria Enea entre la incredulidad de sus antiguos inquilinos del PNV y quienes como ellos no daban un duro por el cambio del que hizo bandera López con la ayuda del PP – ese aparcar las diferencias partidarias para darle la vuelta al colchón, abrir la ventana, y que entre el aire. Está entrando, con fuerza, aunque algunos impacientes crean que al gobierno del cambio que se está abriendo camino en Euskadi todo se le ha ido estos primeros cien días en declaraciones de principios y en gestos

¿Declaraciones de principios tomar partido claramente por las víctimas y contra los victimarios, gestos acompañar físicamente a las viudas y a los huérfanos de las víctimas de ETA? Institucionalmente hasta eso es nuevo, de esta miseria venimos. Lo que fallaba en Euskadi eran las reglas más elementales del juego democrático. El secreto de la supervivencia de la banda terrorista ETA es su base social, eso lo sabemos de sobra desde hace mucho tiempo. El día en que la mayoría de los vascos se sacuda ese yugo de silencio, se acabó. Y la voluntad política del lehendakari López de restringir los espacios públicos por los que aun resopla el apoyo social del mundo de Batasuna, entre cien mil y doscientas mil personas, a la banda terrorista ETA, está obrando el casi milagro de poner fin a la impunidad con la que se han venido conduciendo los proetarras durante treinta años en las calles vascas

En estos cien días, por primera vez desde su fundación, la ertzantza ha dejado de ser el vergonzante cómplice de las bravatas de proetarras. Ya no reciben la sonrojante orden de mirar hacia otro lado «para no provocar» o para que «el remedio no sea peor que la enfermedad», como explicaban sus anteriores responsables políticos cuando se les preguntaba por qué este cuerpo policial no disolvía las manifestaciones ilegales o cómo era posible que asistiesen impávidos a los homenajes públicos a los etarras que convocaban algunos ayuntamientos vascos o que las fotos de asesinos de ETA colgasen años de balcones y muros.

Que ETA sigue ahí, sembrando el terror y matando cuando puede (dicen algunos que porque quieren volver a negociar) acabamos de comprobarlo en Mallorca y en Burgos. Pero, en vez de la suicida división del PSOE y del PP sobre si el diálogo o la derrota de la primera legislatura de Zapatero en el poder y de Rajoy como líder de la oposición, ahora hablan juntos con una sola voz, el socialista liderando la lucha contra ETA que para eso está en el gobierno, el popular secundándole sin fisuras. Y, en Euskadi, la esperanza cumple cien días. ¡Que cumpla muchos más!

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