Francisco Muro de Iscar – Fotógrafos de guerra


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Si ellos no estuvieran allí, jugándose la vida y, muchas veces, perdiéndola o sufriendo graves heridas, no sabríamos el horror de lo que pasa en las guerras ni los desmanes de los que es capaz el hombre, ni el miedo de los niños, de las mujeres, de las víctimas ante la sinrazón de la fuerza. Se dice que una imagen vale más que mil palabras y aunque hay palabras que valen más que mil imágenes, sin sus fotografías o sus vídeos el mundo no reaccionaría ante la brutalidad de los conflictos, ante la deshumanización de quienes matan por un trozo de tierra o de tela, y a veces ni siquiera por eso. Sin sus testimonios no sabríamos hasta donde es capaz de llegar la barbarie que convierte en soldados a niños, que lleva el hambre la miseria y la desolación a millones de seres humanos, que acaba con la vida, libertad y los derechos más básicos de quienes no tienen ni derechos. En 2008 fueron asesinados sesenta periodistas, aunque no sólo en zonas de conflicto, y otros 929 sufrieron algún tipo de agresión o amenaza. Pero debajo de las estadísticas hay nombres y hombres.

La última víctima, el último fotoperiodista español que ha pagado su vocación y su trabajo con sangre, ha sido Emilio Morenatti, autor de muchas fotografías terribles y hermosas. Perdió un pie tras un atentado talibán en Afganistán, aunque ha salvado la vida. Al menos, lo puede contar. Pero antes habían caído, entre otros, Juancho Rodríguez, en Panamá, Ricardo Ortega en Haití, Miguel Gil en Sierra Leona, Jordi Pujol en Sarajevo, Julio Fuentes en Kabul, Julio Anguita y José Couso en Irak… La vida de un fotógrafo en una guerra no vale nada y, lo que es peor, sus asesinos casi nunca son juzgados ni condenados. Ni hay interés ni voluntad. Que se lo digan a los familiares de José Couso.

Cuando vean esas fotografías que impactan, que destrozan el alma, que llaman a la reflexión sobre lo que bajo que puede caer el hombre, miren la firma y anoten en su mente el nombre del fotógrafo. Piensen que esa imagen buscada con otros ojos es su compromiso con la libertad y su denuncia contra la guerra. Levantan su cámara contra el odio, tal vez porque nosotros, toda la humanidad, no hemos sido capaces de poner punto final a las guerras fratricidas y descalificar a los que se lucran de ellas, viven de la muerte de otros y de la venta de armas a los poderosos sin escrúpulos. Emilio Morenatti y su mujer, Marta Ramoneda, también fotógrafa, eligieron un campo de refugiados en Líbano, saltándose todos los controles militares, para su luna de miel en lugar de una playa en el Caribe. Están hechos de otra piel.

Mi admiración por estos fotoperiodistas, casi siempre sin reconocimiento, que están en la guerra, que forman casi parte de ella para mostrarnos lo mejor y lo peor del hombre. No es bueno que ellos ocupen las primeras páginas de los periódicos. Prefiero que allí estén las fotografías que hacen cada día.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído