Fernando Jáuregui – Siete días trepidantes – La llamada «pasarela Moncloa»


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Alguien calificó acertadamente el Consejo de Ministros de este viernes como «pasarela Moncloa». Nunca los fotógrafos fueron convocados a tomar imágenes, ministro por ministro, a su llegada a la reunión del Consejo en el palacio presidencial. Pero, este 13 de agosto, sí. Todos encorbatados ellos, elegantes y formales ellas, vestidos de faena ministerial, mostrando que, incuso cuando la mayor parte de los españoles vacaciona, el Ejecutivo sigue vigilante. Vigilante ¿para qué?. Para atajar la crisis económica, para lo que resultaba urgente abordar, y quién sabe si aprobar, el proyecto de Ley de Economía Sostenible. Luego, visto lo visto, resulta que la reunión, al menos para eso, no era tan, tan urgente, porque todo ha quedado para septiembre.

¿Todo? Bueno, no todo… Todo, no. Porque lo que sí se aprobó de manera urgente, por la vía del decreto, fue la regulación de las televisiones digitales terrestres de pago. Pago por ver el deporte, que está en manos, mayoritariamente, de una sola cadena, que por cierto es la más amiga del inquilino del palacio que organizó la «pasarela» agosteña. Dos pájaros de un tiro: las fotografías de los ministros en atuendo laboral y el favor al amigo, tras la que parece haber sido una considerable batalla entre algunos miembros del Gobierno, en concreto -aventuro_las vicepresidentas por un lado y el ministro de Industria, apoyado por ZP, por otro.

Recordemos que ya don Miguel Sebastián intentó «colar» las TDT de pago el pasado miércoles santo, pero entonces no pudo ser porque De la Vega y el «holding» periodístico que iba a resultar más perjudicado lograron impedirlo. Este 13 de agosto, día aún más propicio, si cabe, que el miércoles santo para «colar» lo que fuere menester en el Boletín Oficial del Estado, la faena se ha completado. Con el beneplácito de unos, el malestar de otros y el ninguneo del Consejo de Estado, que recomendó aplazar el debate -claro que debate, lo que se dice debate, ni siquiera lo ha habido, más allá de las reacciones periodísticas de los favorecidos, los desfavorecidos y los «neutrales»- .

No quisiera entrar, porque no es el propósito de este comentario, en las ventajas o desventajas de esta fórmula de TDT de pago. Ya se ve que a unos les beneficia y, por tanto, a otros les perjudica. Solamente digo que la propia creación de la cadena televisiva amiga suscitó ya algunas reticencias. Y añado apenas que el «decretazo», sobre todo cuando lo desaconseja el Consejo de Estado, es estrategia que suena a, por decir lo menos, estéticamente mejorable.

Cuando se convoca un Consejo de Ministros un 13 de agosto uno piensa en que hay, efectivamente, planes que el Gobierno debe necesariamente aprobar para atajar la crisis económica. O para fomentar, más allá del «no beses, no des la mano», soluciones a la avalancha de gripe A que nos viene este otoño. O para ver qué se hace con nuestras tropas en Afganistán, con la que está cayendo allí este verano maldito. O para asegurar que se ha abierto una investigación urgente sobre las acusaciones de las escuchas. Qué se yo: hay tantas cuestiones que requieren el auxilio apremiante gubernamental antes que las TDT de pago –sí, ya sé que el Gobierno quiere acelerar el apagón analógico: ¿y qué?– que no he podido evitar mi sorpresa ante este Consejo de Ministros que a mí me marca un antes y un después en el famoso talante del equipo de ZP. Y así debo decirlo, una vez más decepcionado.

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