Isaías Lafuente – Cuestión de Sexo


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Un juez de Barcelona tiene en sus manos una peliaguda decisión. Hace un año, un chico de 16 años solicitó la autorización judicial para someterse a una operación de cambio de sexo. Esta intervención está prohibida por ley en España hasta que no se adquiere la mayoría de edad, pero el menor quiere acortar un doble calvario: el que sufre cada día cuando se enfrenta al espejo y el que padece, en forma de rechazo social, cada vez que llega al instituto. El chico cuenta con el apoyo de sus padres y con los informes clínicos y forenses que avalan su petición. Y desde el hospital Clínic de Barcelona, en donde está siendo tratado y en donde, antes o después, se someterá a la intervención, se aportan dos contundentes argumentos. Primero, el trastorno de género es una enfermedad y ningún paciente o progenitor tendría la paciencia de esperar a la mayoría de edad para atacarla. Segundo, algunas intervenciones de cambio de sexo son infinitamente menos agresivas si se practican en una edad temprana: es fácil e indoloro impedir que el pecho crezca, pero es muy traumático amputarlo a los 18.

El problema de este trastorno es que no se detecta en un análisis de sangre, ni viene asociado a un gen mutado o a la aparición de virus, indicios que permitirían objetivarlo. Si alguna vez la ciencia médica descubriera un origen de este tipo nadie dudaría intervenir a un bebé, como se les interviene, incluso en el vientre materno, si se detecta una fatal disfunción renal o cardiaca. Nos movemos pues en el delicado terreno del diagnóstico psiquiátrico y nos enfrentamos también a arraigados prejuicios que siempre han estado asociados a la transexualidad.

Piden la familia y los médicos que tratan al chico, valentía judicial. Aunque quizás lo que se requiera es valentía legislativa para resolver definitivamente el problema, que lo es, aunque afecte a pocos. De momento la familia ha demostrado valentía y generosidad, porque al ritmo en que se desenvuelve la justicia en sus sucesivas instancias lo normal es que, si algún camino se abre en este terreno, lo disfrutarán otros. Salvo sorpresas, a este chico le llegará antes la mayoría de edad que una sentencia firme. Y entonces él será juez y parte en la resolución del problema.

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