Francisco Muro – La crisis y la izquierda conservadora


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Mientras el Gobierno descansa en agosto con apenas algún escarceo para aprobar la urgente (¡) TDT de pago, todos los datos siguen siendo peores que ayer, aunque, seguramente, mejores que mañana. Lo único que sube es el número de funcionarios de las Administraciones públicas, una garantía de que las cosas no se hacen mejor sino con más burocracia y con más sueldos que no están sujetos a ninguna exigencia y a ningún control.

Los demás datos son malos: mientras Francia y Alemania empiezan a salir de la crisis, en España ni el turismo, metido en una crisis con graves caídas de ingresos y rentabilidad, nos salva; la atonía del consumo, agrava la inflación; la economía registra una caída del 4,1 por ciento en doce meses, el peor dato de su historia; «creamos» el 90 por ciento del crecimiento del paro en Europa; la construcción sigue en su peor crisis con un desplome de ventas y de nueva obra; nada nuevo en innovación, educación, patentes, que son las claves del futuro; y se desploma el índice de confianza de los españoles en el Gobierno y en la Banca para afrontar la crisis. Los brotes verdes, si los hay, deben crecer hacia el interior. El otoño promete tiempos aún peores. Y el Gobierno, de vacaciones.

Tener un Gobierno de izquierdas en esta coyuntura de crisis debería ser una esperanza. Mantener las conquistas sociales y apoyar a los más débiles, a los que más sufren la crisis, es digno de elogio. Proponer y llevar adelante reformas de fondo, liderar el cambio, es el reto. Todos coinciden en que es tiempo de reformas, de soluciones éticas a la crisis. Como ha escrito Benedicto XVI, «la actual dinámica económica requiere cambios profundos en el modo de entender la empresa» y la economía. Cambios éticos, de fondo. Y la izquierda por su propia concepción debería aprovechar este momento para introducir reformas de fondo y con un claro contenido ético en la economía.

Pero en lugar de hacer eso, está desarrollando posiblemente la más rotunda política conservadora del más viejo modelo capitalista. También se podría decir que no está haciendo nada, porque es posible que no haya que dar facilidades para despedir, pero no hay duda de que hay que dar incentivos para contratar y sentar las bases de un nuevo modelo productivo. Apoyando a los que pierden su empleo, se hace justicia social, pero no se dinamiza la economía, todo lo contrario. La izquierda española, que no ha hecho todavía su renovación, está entregada a los viejos postulados y tabúes económicos y laborales sindicalistas y con ellos no se sale de la crisis. Se profundiza en ella. No hay sobre la mesa ninguna idea de cambio, ninguna propuesta para hacer un modelo productivo más justo, más exigente, ningún reto ético. La economía se basa en la confianza. Y este Gobierno no la tiene ni parece preocupado por ello. Sigue sentado esperando que alguien le haga el trabajo que él ni sabe ni puede ni quiere.

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