Fernando Jáuregui – Siete días trepidantes – Menos mal que nos queda Rubalcaba…


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Lo he escuchado en más de una tertulia veraniega, lo he entrevisto en más de un comentario periodístico: «menos mal que nos queda Rubalcaba». Estoy básicamente de acuerdo. En Alfredo Pérez Rubalcaba se personifica la eficacia de una actuación gubernamental, en este caso contra ETA. Son muchos los golpes que está recibiendo la banda, absurdamente apoyada a veces, y de manera minoritaria, por un cierto paisanaje que no entiende nada de lo que ocurre y que se mantiene atento y fiel al «cuanto peor, mejor». Entristece la pervivencia de algunas pintadas, de algunos carteles de homenaje a presos que son asesinos, que actúan contra los derechos humanos. Y así llevamos años, todos los agostos, de las fiestas de San Sebastián a las de Bilbao. El Gobierno de Patxi López, en el que tantos han puesto tantas esperanzas, se ha visto impotente para refrenar la murga absurda de quienes tratan siempre de entristecer las fiestas de los más.

Pero decía que ahí está Rubalcaba. Claro que no hablo solamente del ministro del Interior, que sin duda es un buen ministro: hablo de la eficacia policial, de la de la Guardia Civil, de un buen secretario de Estado y de un buen director general de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad. No sé por qué -quizá no esté siendo el todo justo en mis apreciaciones, basadas en un par de soplos_, pero tengo la sensación de que quizá también haya mejorado, en este breve tiempo, el funcionamiento antiterrorista de los servicios de inteligencia desde que a su frente está un general profesional y no un civil aficionado.

Por cierto, ¿hablaron de este civil y de sus dislates quien fuera su mentor, el presidente el Congreso José Bono y los periodistas a los que hábilmente llamó para darse un baño de imagen paseando por su Albacete natal? De lo que sí hablaron fue de escuchas, legales o ilegales, que han sido el tema-serpiente de este verano, y Bono no perdió ocasión de sacar la cara, en esta cuestión, por su patrocinado Alberto Saiz, el ex del CNI. «En este país solo se escucha a los malos», enfatizó el presidente del Congreso de los Diputados, tratando de desmentir a su paisana, aunque no tan amiga, María Dolores de Cospedal, que tanto ha protestado por presuntas escuchas contra el Partido Popular. Y los «malos» ya se sabe que son los de ETA. Bueno, no parece del todo cierto que el afán de espiar se emplee solamente con los enemigos del Estado y del sistema: lo que resulta difícil de demostrar, y ahí es donde ha patinado Cospedal, no es que haya «pinchazos», sino quién los realiza y quién los ordena.

La semana política, por lo demás, ha abundado en vacilaciones provocadas desde el Gobierno. Me dicen que Zapatero está bastante enfadado ante el ruido de subidas (o no) de impuestos, congelación (o no) de salarios de funcionarios, concesión de privilegios a los amigos televisivos y pérdida, por tanto, de otros amigos periodísticos*Cunde la sensación, aseguran, de que hay cosas que no se están haciendo bien y de que hay que corregir el rumbo: demasiado desbarajuste ministerial. Y es que las afirmaciones y desmentidos salidos a veces desde un mismo Ministerio es algo que pone bastante nervioso al personal, como no podría ser de otro modo: hay ministros, y hasta presidentes del Gobierno, que parecen no darse cuenta de que lo que dicen ante un micrófono tiene una enorme trascendencia, sobre todo en un país en el que las seguridades jurídicas no siempre están bien asentadas.

En fin, lo dicho: que menos mal que nos queda Rubalcaba, que, aunque no falte quien le siga llamando «el malvado» -yo no acabo de creerme las imputaciones que le hacen desde la oposición: es demasiado listo como para que lo pillen con las manos en la masa de las escuchas o de los esposados– , da la impresión de que sí está al pie del cañón. Poniendo nerviosa a ETA, que es la pesadilla de todos nosotros desde hace tanto tiempo. Y estos nervios, y no los que otros nos provocan a todos con sus salidas de madre, son, para mí, la gran noticia de estos días trepidantes. Menos mal que…

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