Isaías Lafuente – El rostro de la noticia


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

El trasplante de rostro realizado en el Hospital La Fe de Valencia no sólo es el primero de esas características que se realiza en nuestro país, sino que es un caso pionero en el mundo. El implante de la lengua y de una parte de la mandíbula del donante añade un carácter especial a la hazaña médica, por si lo que conocíamos hasta ahora fuera poco. Lo contó el responsable del equipo de treinta personas que trabajó durante quince horas para practicar la intervención, el doctor Pedro Cavadas. También supimos que el posoperatorio va bien, que el paciente se ha visto en el espejo y ha sonreído, que si el proceso de rehabilitación sigue su curso, esta persona podrá recuperar algunas funciones básicas como comer por la boca y no a través de una sonda, su única vía de alimentación desde que una brutal radioterapia le dejó sin rostro.

La sonrisa imaginada del paciente contrasta con la indignación expresada por el doctor Cavadas por la filtración de los datos del donante, que se han colado en los medios de comunicación contraviniendo lo dispuesto en la Ley de Trasplantes. La revelación de la identidad fue posible gracias a las pistas precisas que proporcionaron las instituciones y organismos implicados en esta operación: el Hospital La Fe, la consejería valenciana de Sanidad y el Ministerio de Sanidad. Los medios sólo necesitaron cruzar datos para averiguar la identidad del donante. Seguramente la familia emprenda acciones judiciales: está en su derecho, según el director de la Organización Nacional de Trasplantes, Rafael Matesanz. Pero además, será necesario que todos abramos una reflexión sobre lo que ha pasado.

Porque la confidencialidad en los trasplantes, que se protege hasta en los niveles más íntimos que relacionan a la familia del donante con el receptor, no es un criterio caprichoso y arbitrario. Es el mínimo pago que la sociedad puede hacer a la generosidad de las familias de los donantes y es la garantía de que el altruismo demostrado hasta ahora, que nos sitúa a la cabeza del mundo en materia de trasplantes, se mantenga. Sólo así podremos seguir contando en un futuro hazañas médicas como la conseguida por el equipo de Pedro Cavadas e historias de vidas restañadas como la de este hombre intervenido que a partir de ahora podrá llevar una vida medianamente normal. Y en este caso no merece la pena empañarlas por el interés de desvelar o por el deseo de conocer el rostro de la noticia.

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