Fernando Jáuregui – La semana política que empieza – Zapatero vuelve a sus zapatos


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

Este miércoles, con la audiencia con el Rey en Marivent, Zapatero pone fin oficialmente a sus vacaciones y se reintegra a su despacho en La Moncloa. Abandona las chanclas deportivas y vuelve a sus zapatos presidenciales. Deja la holganza junto al mar para tomar el timón tierra adentro. La verdad es que le aguarda un montón de problemas y deja atrás un verano que no ha sido excesivamente bueno, me parece, para la imagen del propio ZP y de su Gobierno, en general, aunque se hayan producido, menos mal, avances en la lucha antiterrorista. Ignoro cuáles habrán sido las meditaciones del presidente en La Mareta, pero no me cabe la menor duda de que un animal político de raza como él regresa a Madrid con un plan bastante detallado para recuperar algo de la imagen y el impulso político perdidos.

Porque cierto es que se han dejado, ZP y algunos de sus ministros, unas cuantas plumas en la acción/inacción de este mes de agosto que, desde el punto de vista de la vida oficial, toca a su fin. Los intercambios de disparos verbales con la oposición, que tampoco es que haya brillado a su mejor altura, han sido de sal gorda, sin imaginación, con exceso de inquina; con razón, y con gracia, dice el «popular» vasco Antonio Basagoiti que ellos se llevan bien con los socialistas en esa Comunidad; ya son «pareja de hecho» Patxi López y él, asegura, pero el problema es «que los suegros se están tirando los trastos a la cabeza». Imagino que los «suegros», Rajoy y Zapatero, no estarán demasiado felices con la frase, para mí tan acertada, de Basagoiti.

La verdad es que los «suegros» han dado un espectáculo de incomprensión y riña de patio de colegio, desoyendo, de nuevo, las llamadas a una unidad de acción en estos tiempos de crisis, que se va a evidenciar nuevamente en los números de este otoño. Un otoño lleno de aprensiones políticas (sentencia del Constitucional -que ya no puede retrasarse más_sobre el Estatut), económicas (obvias) y sociales (a ver cómo se encara el previsible aluvión de casos de gripe A, que va a promover muchos cambios inevitables en la rutina de la ciudadanía, incluyendo millones de horas laborales perdidas).

Zapatero, que se entrevistó largamente con el presidente canario sin que trascendiese casi nada de lo tratado, necesita alianzas parlamentarias para sacar adelante los dificilísimos Presupuestos para 2010. Necesita mejorar su sintonía con Montilla para encarar las elecciones catalanas del año próximo sin romper demasiados equilibrios. Necesita ir dando los retoques precisos en las autonomías donde los socialistas tienen más comprometida la victoria electoral, incluida ahora Castilla-La Mancha. Necesita, claro está, que la gente se crea los planes que el Gobierno desgrana para ir haciendo frente a una crisis económica que, por motivos estructurales -no creo que se pueda culpar de ello principalmente al Ejecutivo–, en España no se aleja, aunque sí lo haga en otros países europeos y en los Estados Unidos.

Y necesita dotar de mayor cohesión y rumbo a su elenco ministerial: poco han contribuido al sosiego algunas declaraciones y contradeclaraciones de este verano que afectan a lo que más importa, parece, al ciudadano: su bolsillo. Menudos líos se han armado entre ellos y nos han transmitido a nosotros.

Todo eso, casi nada, le aguarda le aguarda al inquilino de La Moncloa cuando regrese a casa esta semana. No todo tiene por qué salirle mal, pero parece muy difícil que todo ello le salga bien.

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