José Luis Gómez – A vueltas con España – Rajoy se confiesa asustado


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

Mariano Rajoy ha decidido asumir el protagonismo de las acusaciones contra el Gobierno por supuesto espionaje al PP. Lejos de desautorizar a su secretaria general, que hizo lo mismo sin presentar pruebas, Rajoy constata en una entrevista al diario «Faro de Vigo» que algunas pruebas ya las denunciaron ante los tribunales y que otras «lo haremos en el futuro o no» (sic).

Recapitulemos un poco. María Dolores de Cospedal había culpado al Gobierno de Zapatero de montar nada menos que un Estado policial en el que políticos de la oposición sufren escuchas telefónicas, realizadas por una supuesta alianza de fiscales, policías, agentes secretos y altos cargos del PSOE. Ahora Rajoy avala las hipótesis de su «número dos» e incluso va más lejos en una andanada que desacredita las instituciones del Estado.

Si algo está claro en este tremendo jardín en el que se ha metido Rajoy es que los ciudadanos tienen derecho a conocer las pruebas de las que habla el líder conservador, y no tanto en función de los intereses tácticos del PP -«lo haremos en el futuro o no»- como de sus propios intereses. En una democracia seria -y Rajoy suele presumir de serio y de sentido común-, o bien sabemos todos que está pasando o alguien tendrá que rectificar.

El PP ha llevado tan lejos sus acusaciones que a estas alturas el primer interesado en clarificarlas debe ser el PSOE, porque lo que está en el aire es la propia democracia. «A mí me asusta y por eso lo denuncio, porque es mi obligación», dice Rajoy en una firme defensa de su posición, que extiende el susto a todo el país. Juega con fuego que, desde luego, va a quemar a alguien, porque si ahora no pasa nada y todo se queda en una serpiente de verano, cualquier ciudadano que sea detenido o investigado podrá pensar -y denunciar, como hace Rajoy- que está en manos de «los Torquemadas de turno».

Siendo grave la crisis económica, que lo es, Rajoy despacha con pobres argumentos la salida de la recesión y tira por elevación sin la más mínima consideración a las instituciones del Estado. En la interesante entrevista que le hizo Irene Bascoy al líder del PP, es evidente que su capacidad de marear la perdiz es muy superior a sus conocimientos económicos, pero llegados a este punto difícilmente cabe la marcha atrás o mirar para otro lado. El partido de la Oposición cuestiona la esencia del Estado de derecho y, por tanto, de la democracia. Quienes la pagan tienen derecho a saber si dice la verdad para echar cuanto antes a quienes la gestionan o para impedir que quien acusa en falso jamás gobierne. Aquí ya no caben medias tintas.

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