Charo Zarzalejos – La vuelta


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

La tradicional foto de los Reyes con el Presidente del Gobierno y su mujer en Palma de Mallorca es el símbolo de la vuelta oficial a lo cotidiano. Se ha acabado el descanso y ya verán cómo en estos días nadie nos libra de escuchar más de una teoría sobre el stress postvacacional, que afecta, cómo es lógico, no a los que no han podido salir por falta de dinero o de salud, ni a los parados. No, este nuevo síndrome, afecta –¡es el colmo!- a los que han salido a descansar y a la vuelta tienen un puesto de trabajo.

Con síndrome o sin él, la realidad se impone y aquí están, estamos todos, a la expectativa de lo que nos va deparar el futuro más inmediato en lo que a situación económica y política se refiere. Empezando por lo primero, que es lo más importante y desde luego lo más urgente, los datos son malos. El PIB está en caída histórica y si aún creciendo se generaba paro, hay que mantener el pulso sereno ante las posibles cifras de desempleo.

Para afrontar esta situación y las que ya existen, hace falta un dinero que no hay. Ya sabemos que las autonomías deben a las arcas generales seis mil millones de euros y ya sabemos que antes de fin de año, y coincidiendo con el debate de Presupuestos, se van a «revisar», en palabras de la ministra Salgado, los tipos impositivos.

Elena Salgado ha dicho de manera más sutil lo que José Blanco dijo con toda claridad: los impuestos van a subir, pero no sólo a los muy ricos. La subida, para que sea efectiva, para que las arcas generales lo noten, tiene que ser una subida que afecte a millones de españoles y de entre esos millones hay muchos que mal que bien están ya siendo colchón para los parados de su entorno familiar; otros muchos han visto su sueldo congelado, o directamente no lo cobran, a cambio de mantener el puesto de trabajo hasta que la situación se rehaga.

La mera sospecha de esta casi segura subida, asusta y preocupa a estos millones de españoles –la mayoría–, que si bien llegan a fin de mes, lo hacen con justicia y con la lógica preocupación de otear un horizonte con más nubarrones que otra cosa.. O el Gobierno explica muy bien lo que pretende con ese dinero o lo va a tener muy difícil a efectos de opinión pública.

La economía, hambrienta de un gran pacto, de medidas drásticas, va centrar en buena parte el debate público, que se verá salpicado, quien sabe, por la sentencia de TC sobre el Estatuto de Cataluña y es de esperar que no por nuevas y más declaraciones del PP sobre escuchas ilegales, No está el horno para esos bollos, ni lo está desde luego para regodearse en la imagen de un adversario esposado de manera absolutamente innecesaria.

La vuelta, esta vuelta, está plagada de incertidumbres. Y cómo son las mismas que había antes del verano, parece claro que para afrontar la situación, los discursos ya no son antídotos de nada. No basta con vender esperanza, ni reiterar una y mil veces que somos estupendos, que lo somos. Hacen falta medidas concretas, asumir riesgos y, si es necesario, resultar un poco antipático. Pocas cosas producen más alegría que el médico te dé el alta; pero, en ocasiones, para llegar a ese punto, el médico tiene que arriesgarse a hacer y a decir lo que no quieres que se te haga, ni lo que no quieres oír. Para eso otro vale cualquiera.

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