Pedro Calvo Hernando – A la altura de las circunstancias


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

El presidente Zapatero ha querido inaugurar el nuevo curso político con una conferencia de prensa sin grandes novedades y comprensiva de todo lo que el Gobierno quiere hacer en la temporada que comienza. Se ha ocupado muy extensamente de la situación y de la crisis económica, de sus planes para el semestre de presidencia española de la Unión Europea, de la nueva gripe. Pero ha fallado ostensiblemente frente a las preguntas en torno a la corrupción del PP y a la ofensiva de este partido para tapar esa corrupción. Zapatero ha dejado claro que no quiere entrar en el terreno de las acusaciones y de las falacias de los dirigentes del principal partido de la oposición, tal vez para no dar pábulo a que se animen a proseguir por ahí, tal vez por pensar en aquello de que a palabras necias oídos sordos. El caso es que ha ignorado prácticamente toda la salsa del verano y ha dejado mal a todos los que han tratado de defender al Gobierno desde la política y los medios de comunicación. Era como una desautorización a todos los que le han estado defendiendo de las insidias y mentiras. El verá.

Por los demás, sus posiciones en torno a la crisis y a los remedios que el Gobierno se propone aplicar o seguir aplicando, han estado a la altura de las circunstancias y, aunque no estamos ante el sumo salvador, el hombre queda como los ángeles en la comparación con el líder de la oposición, con los voceros de su partido, con los dirigentes de la patronal y con la prensa que apoya todo eso.

Después de todo, el presidente del Gobierno es quien mayores esfuerzos viene realizando en la lucha contra la crisis, en la que no camina muy acompañado, la verdad. Su lucha tropieza con la permanente incomprensión de aquéllos, o con las piedras que colocan en el camino, o con la ausencia total de propuestas viables y de actitudes cooperantes. Lo único que ahí encuentra son desprecios, cuando no insultos o trampas y mentiras. Son demasiados los intereses políticos y económicos con los que choca como para no perder la paciencia y el animo. Hay que decir que, milagrosamente, no los pierde.

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