Rafael Torres – Al margen – En pie de guerra


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

La iniciativa gubernamental de utilizar los laboratorios militares de Farmacia para la fabricación masiva de antivirales es, en primer lugar, una iniciativa, que no es poca cosa tras la inanidad del verano en lo tocante a la Gripe A, pero, además, desvela la voluntad política, muy puesta en razón, de buscarle alguna utilidad práctica para beneficio de todos a la onerosísima máquina militar.

El Estado recuerda, de súbito, que dispone de miles de funcionarios y especialistas, así como de importantes instalaciones, factorías e infraestructuras, que pueden emplearse en algo más que desfiles, maniobras y misiones de policía humanitaria, y al recordarlo y decidir el uso de la Farmacia militar para la elaboración de pastillas antivirales, tan necesarias para el tratamiento de muchos pacientes en la actual pandemia, se consigue, de una parte, disminuir nuestra dependencia de los laboratorios extranjeros, y, de otra, transmitir a la asustada ciudadanía la sensación de que el gobierno está haciendo algo contra la firme amenaza de su descontrolada extensión.

De utilizar al Ejército sólo en algunas catástrofes naturales, a usarlo de manera estable e institucional, bien pertrechado y encuadrado, para enfrentarse a todas ellas, naturales y artificiales, con la diligencia, especialización y eficacia que derrochan los cuerpos civiles de socorro, no sólo media un pequeño abismo, sino que con ello se abole, precisamente, el abismo grande entre lo civil y lo militar. La creación de la UME, la Unidad Militar de Emergencia, significó eso, y si no ha significado más ha sido por la timidez y limitaciones de su establecimiento, pero, así y todo, su valor como precedente sirve para empezar a convertir al Ejército en una institución más de servicio a los españoles que no cuesta más de lo que vale, que no se traga descomunales recursos para nada, sino que los digiere y entrega la fuerza generada por ellos al bien general.

Ojalá sea así, y ojalá el concurso de los Caballeros de Marte, de sus ambulancias, de sus farmacias, de sus hospitales, no se limite a las pastillas de Burgos en la cruda lucha contra los virus invasores a la que nos vamos enfrentar.

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