Antonio Casado – En nombre de los más débiles.


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

A ver si nos entendemos. Nos dice una y otra vez el presidente, Rodríguez Zapatero, que sus dos barandillas de apoyo para salir airosamente de la crisis económica son la reanimación del sistema productivo, por un lado, y la protección social, por otro. O sea, salir del agujero sin dejar a nadie en la cuneta, tal y como reza la banda sonora del Gobierno y del PSOE, que es la misma, o debe ser la misma.

Y en esas estábamos cuando irrumpió hace unos días en el debate el informe del F.M.I (Fondo Monetario Internacional) sobre la situación de la economía global. Buenas noticias. El clarinazo no admite dudas: estamos al borde de la recuperación. Pero no todos. El jarro de agua fría es para España, a la que se augura una incorporación tardía al crecimiento, tanto respecto a la economía mundial (3% en 2010) como a la de la UE (0,3% en el mismo año). La previsión del F.M.I es que para entonces España seguirá en recesión (- 0,7%), por culpa del paro y del excesivo peso de la construcción en nuestro sistema productivo.

Hay una relación perversa entre construcción y desempleo. Si no perversa, al menos indeseada. Lógico. El ladrillo ha sido el gran yacimiento del empleo en España durante estos últimos años. Y tal relación es justamente la que alimenta ese defecto estructural de nuestra economía. Su excesiva dependencia del ladrillo y el modo de atacar el defecto sin seguir creando las condiciones de un paro todavía mayor?

Sin embargo, véase que el Gobierno ha vuelto a primar el sector para crear empleo en tiempo de crisis. Miles de millones canalizados a través de los Ayuntamientos. Carga de trabajo a las empresas de la construcción, en muchos casos de obras improvisadas para justificar la recepción de ese caudal de dinero público, a cambio de que rescatasen del paro a los españolitos más afectados por la crisis. El Gobierno debe ser consciente de que esas medidas pueden ser ocasionalmente paliativas de un problema social pero, desde luego, no son precisamente las indicadas para acometer la gran operación de cambio de modelo económico.

En resumen. La posición del Gobierno consiste en asumir que España saldrá de la crisis más tarde que otros países de nuestro entorno pero lo hará sin haber abandonado a su suerte a los más débiles. Es una opción. Discutible desde la ortodoxia económica, coherente con un ideario de izquierdas. Si el precio de mantener la protección de los más débiles en plena crisis va a ser el de una demora en la salida del túnel, muchos estamos dispuestos a darlo por bien empleado.

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