Francisco Muro de Iscar – El gobernador y los sindicalistas.


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

En este país, la oposición no debe oponerse sino apoyar al Gobierno; la Iglesia no debe hablar de nada que no sean cuestiones «religiosas»; los abogados pueden ser espiados cuando hablan con sus clientes; los fiscales pueden mirar para un lado o para otro según sople el viento (político); y, por si fuera poco, el gobernador del Banco de España no debe opinar sobre las reformas que necesita su país.

Esto último lo dicen los sindicalistas. Cándido Méndez, el incombustible secretario general de UGT, ha dicho que a Fernández Ordóñez «le sobra ideología y le falta pedagogía» (¡) y que lo que quiere el gobernador del Banco de España es permitir a los empresarios «contratar como quieran y despedir cuando les de la gana». En serio, lo ha dicho. Y Fernández Toxo, su homólogo de CC.OO. le ha pedido que se dedique a lo suyo, la reforma del sistema financiero, y «que no se meta donde no le llaman». ¿Quién le tiene que llamar? Pero lo mejor lo ha dicho el ponderado, reflexivo y constructivo secretario general de UGT en Madrid, José Ricardo Martínez, para quien lo que debe hacer el gobernador del Banco de España es «irse a su puta casa» si es que tiene «un poco de dignidad, porque podría ser consciente de quién le ha puesto ahí de a quién se debe». Martínez remata diciendo que Fernández Ordóñez está «constantemente maltratando o intentando maltratar» a los trabajadores.

Estos mismos que hoy critican al gobernador le aplaudían desaforadamente cuando hace apenas cinco años era secretario de Estado de Hacienda y Presupuestos, en el Gobierno de Zapatero, o secretario de Estado de Economía, con Felipe González. Pero se ha debido vender al enemigo y por eso traiciona al Gobierno, al Partido Socialista, a la clase obrera y a lo que sea. Si escribieran en el BOE, ya estaría «en su puta casa». En este país no se tolera la independencia de nadie ni fuera ni dentro del partido o del sindicato y todos creen que cuando a alguien le nombran algo es para obedecer, ni siquiera para tener la autonomía que exige el cargo. ¿Quieren ejemplos o los ponen ustedes mismos?.

España necesita una regeneración democrática institucional urgente. Y entre las instituciones a regenerar está la de los sindicatos, anclados aún en el siglo XIX y en los viejos tópicos y prejuicios, viviendo de papa-Estado, callados ante los errores y ante la crisis, conservadores en la defensa de miles de puestos de trabajos de «liberados» al servicio de no se sabe qué y de las subvenciones que otorgan los Gobiernos, que pagamos los ciudadanos con nuestros impuestos y sin las que no podrían existir. Y con licencia para insultar. No quiero generalizar porque hay sindicalistas que hacen bien su trabajo y defienden a los trabajadores. Los sindicatos son necesarios, pero no éstos ni con estos dirigentes. Hacen falta otros sindicalistas y otros sindicatos con ideas nuevas.

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