José Cavero – El cabo Cristo y la presencia en Afganistán.


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Desde el comienzo de los gobiernos de Zapatero, el PP se ha venido esforzando en llevar a la opinión la idea de que esta guerra, como cualquier otra guerra, obliga a las tropas españolas a intervenir, e incluso a matar y a morir. Hace este esfuerzo para que no se olvide la batalla que en su momento dieron Zapatero y el PSOE para no mezclarse en la invasión de Irak y, en todo caso, para escapar lo antes posible de aquel otro conflicto al que nos condujo la buena relación de Aznar y Bush. En las últimas horas, en unas pocas líneas de Rajoy sobre la muerte del caso Cristo Ancor Cabello insiste en las palabras «batalla» y «guerra».

Ciertamente, todas las guerras son extraordinariamente parecidas, y todas cuestan sus víctimas, y nuestra presencia en Afganistán lleva ya cobradas demasiadas víctimas, aunque la mayor parte de ellas sigan siendo las originadas por un vuelo chapuza de las tropas que regresaban en un Yakolev que debiera estar en el Museo de las grandísimas chapuzas y que causó, en gran medida, el desprestigio del entonces ministro Trillo. Pero, en todo caso, y además de aquella tragedia aérea, Afganistán sigue cobrándose víctimas de soldados, muchas más, siempre, de las que hubiera merecido aquella tierra desértica y llena de talibanes intolerantes. Ciertamente, en sus comienzos, el Gobierno socialista intentó que las tropas españolas en Afganistán fueran mucho más constructivas que las de cualquier otro conflicto: tenía la experiencia de los enfrentamientos balcánicos, en algunos de los cuales las tropas españolas se habían caracterizado por haber conseguido excelentes relaciones humanas y de colaboración con el pueblo y sus ciudadanos del lugar.

Ese era también el propósito inicial, antes de que la situación se deteriorara progresivamente y condujera a una guerra «pura y dura», a la que ninguno de los ejércitos occidentales es ajeno. Pues bien, la guerra de Afganistán hace aguas, sobre todo, en ese frente de las víctimas, que es siempre el más difícil de soportar para la población civil. Lo saben bien los dirigentes americanos o británicos, o el mismísimo Berlusconi, los que mayor número de soldados víctimas han venido registrando. Los políticos no tienen más remedio que agradecer, valorar y ensalzar el trabajo que realizan las correspondientes tropas y se esfuerzan por poner a su disposición los medios más adecuados. En el caso de las tropas españolas, se vienen echando de menos unos tanques más adecuados contra el tipo de guerra de guerrillas que allí se libra.

Pero ni aún así se resolverá el conflicto previo, que crece en España como en Estados Unidos, contra la conveniencia de que esa guerra tenga continuidad en el tiempo. Particularmente, la izquierda -IU-IC, ERC-, vienen reclamando que se produzca un debate parlamentario sobre esa misión y se determine, de una vez por todas, una fecha para dar fin a aquella presencia tan costosa en vidas humanas y con tan escasas posibilidades de éxito. Pero no deja de resultar sorprendente que también portavoces del PP reclamen claridad y transparencia en la explicación de la naturaleza de la misión que las tropas españolas llevan a cabo en aquel punto del mundo.

En definitiva, se reclama un calendario que permita conocer de antemano cuándo se vendrán las últimas tropas españolas de aquel lugar y que aquella misión no siga creciendo, como ha hecho hasta la fecha. La ministra Chacón no se opone a ese debate, pero quiere escuchar y conocer previamente lo que opinan y reclaman los gobiernos vecinos, para los que también Afganistán es un problema a resolver cuanto antes. ¿Un tope de cinco años más, para preparar a los soldados afganos a defenderse por sí mismos y hacer frente a los talibanes? Es lo que recientemente reclamaban alemanes y franceses, también hartos de esa sangría afgana…

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