Cayetano González – De los abucheos a la Casa Blanca.


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

No le vendrá nada mal al Presidente del Gobierno la foto que dentro de unas horas se hará con Barack Obama en la Casa Blanca después de los abucheos y gritos de «Zapatero dimisión» y «fuera, fuera» que recibió en el Paseo de la Castellana al comienzo, durante y al final del desfile militar con motivo de la Fiesta Nacional. A nadie le amarga un dulce, y después del mal trago pasado en Madrid, qué mejor medicina que ser recibido por el político de moda en estos momentos.

Han tenido que transcurrir cinco años y medio desde que llegó a la Presidencia del Gobierno para que Zapatero consiga uno de sus objetivos políticos que mas se le han resistido: entrar en la Casa Blanca. El republicano George Bush le «castigó» con la indiferencia debido en buena medida a las sucesivas torpezas y meteduras de pata de nuestro Presidente: no levantarse en un desfile militar al paso de la bandera americana; retirar las tropas de Irak sin respetar el plazo marcado por la ONU o incluso atreverse a hacer un llamamiento a los países que tenían contingentes en ese País para que hicieran lo mismo.

Pero la vida política va muy deprisa: Bush ya es historia y ahora hay un demócrata en la Casa Blanca, que en las próximas horas abrirá las puertas del despacho oval del ala oeste -tan familiar y conocido para los seguidores de una de las mejores series que se han hecho para la televisión- al jefe del ejecutivo español. Hay que alegrarse de esta reunión entre Obama y Zapatero. El mantener unas relaciones normales con el Presidente del país más poderoso del mundo es algo que nadie puede no desear, y lo raro, lo excepcional es la situación de nula comunicación entre los máximos mandatarios de ambos Países que se ha vivido en los últimos cinco años. Otra cosa es si la reunión dará algo más de si que la simple foto. Temas hay para tratar: Afganistán, Oriente Medio, crisis económica, y seguro que Zapatero no se resistirá a sacar algunas cuestiones que como diría el inefable Revilla, «le ponen» al Presidente, como es el caso del cambio climático o la alianza de civilizaciones.

Dentro de muy pocas horas, Zapatero habrá conseguido una foto muy deseada por muchos, y si no que se lo pregunten a Francisco Camps que en esos delirios de grandeza que a veces asaltan a los políticos que no tienen los pies en el suelo, se dejó seducir por su «amiguito del alma», el Bigotes, que intentó conseguirle, ¡válgame Dios!, una reunión con Obama y al final tuvo que conformarse con ser recibido por el Gobernador de un Estado. Al salir de la Casa Blanca, Zapatero volverá a España y se topará de bruces con la dura realidad de una crisis económica que nadie sabe si ha tocado fondo y, sobre todo, cuándo podrá repuntar. Pero nadie le podrá discutir que el mismo día que es recibido en la Casa Blanca por el hombre más poderoso de la tierra, Rajoy tendrá que estar pendiente desde un despacho mas modesto ubicado en la calle Génova de Madrid, del agujero que el caso Gürtel ha producido en la nave popular, porque a la misma hora, se decide en Valencia la dimisión de alguien que se llama Ricardo Costa. Son cosas de la política.

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