Fernando Jáuregui – No te va gustar – Núñez Feijóo, ¿sucesor de quién?


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Ahora que arrecia el «caso Gürtel», no falta quien apueste por el presidente de la Xunta gallega, Alberto Núñez Feijóo, como sucesor de Mariano Rajoy al frente del Partido Popular y como contrincante de Zapatero en las próximas elecciones generales. Incluso, tal vez previendo esa contingencia, algunos enemigos del PP han empezado a hacer que las derivaciones de la corrupción salpiquen también sobre Galicia, aunque Feijóo se cuida muy mucho de advertir que eso son cosas del pasado, cuando él no estaba ahí; una exculpación que, sin duda, va a gustar muy poco a Fraga y a la «vieja guardia» del partido en la Comunidad del noroeste. Pero que a Núñez Feijóo le resulta, además de ser cierta, muy conveniente.

La verdad es que Núñez Feijóo, siempre que le han preguntado por el asunto, dice lo que tiene que decir, faltaría más: que él ya tiene bastante con gobernar en Galicia, y que su paisano Mariano Rajoy es ya un buen candidato. Tiene razón el presidente de la Xunta al alejar de sí la tormenta de una sucesión que ni le toca ni va a ocurrir: pienso que, con Gürtel o sin Gürtel, Rajoy será el candidato del PP para intentar desplazar a Zapatero y a los socialistas de La Moncloa, y lo será apoyado por Esperanza Aguirre, por el valenciano Camps, por el castellano-leonés León Herrera, por el murciano Valcárcel, por el canario Soria… y, desde luego, por el gallego Núñez Feijóo.

Ya sé que vuelven las pequeñas conspiraciones, a cargo sobre todo de ciertos empresarios, que querrían ver a Esperanza Aguirre o a alguien de ese sector «madrileño» al frente del PP nacional. Pero me parece que tales maniobras orquestales en la oscuridad tienen poco futuro, incluso, ya digo, en estos tiempos de zozobra en los que tanto Madrid como la Comunidad Valenciana, que son los graneros de votos, arden por los cuatro costados bajo la sospecha de corrupción bastante extendida y la sombra de los sumarios judiciales, de las escuchas, los espionajes y las tramas atosiga al líder nacional de los «populares» y jefe de la oposición.

Claro que Núñez Feijóo representa un principio de sensatez en medio del caos capitalino, de la estulticia levantina, de la impotencia andaluza -aunque el PP sube en intención de voto en una Andalucía sin Chaves… y sin Zarrías-. Pero Rajoy ha sabido sortear todas las tormentas, rodearse de un equipo creíble y de cuya honradez no puede dudarse fácilmente y hasta, de cuando en cuando, es capaz de vencer su natural contemplativo -vamos a llamarlo así- y dar unos discretos, pero bastante firmes, golpes sobre la mesa. Lo hizo cuando Juan Costa trató, impulsado por otros, de arrebatarle el liderazgo, lo ha hecho cuando Ricardo Costa, hermano de Juan, se ha convertido, justificadamente o no, en un lastre y lo hizo cuando, con todos los merecimientos del mundo, el tesorero Luis Bárcenas se llevó la reputación de alguien capaz de cargarse cualquier imagen de honestidad del PP.

Las encuestas dicen, y me cuesta explicármelo, que el «caso Gürtel» no pasa factura al PP. O no demasiada factura, al menos. O no tanta como le están pasando a Zapatero la crisis y la mala gestión de que de ella está haciendo un Gobierno débil y lleno de boquetes. Ahora resulta que Zapatero comparte la misma (im)popularidad que Rajoy: debería pensar que algo está haciendo mal, de la misma manera que el líder del PP, pese a todo lo que pedalea, debería darse cuenta de que algo no está haciendo bien. Los dos tienen que administrar sus tiempos; los dos deberían meditar mucho qué han de decirse una vez que, regresado Zapatero de su importante entrevista con Obama y de su gira por Oriente Medio, se encuentren, al fin, en una cumbre en La Moncloa a la que yo doy bastante más importancia de la que se producirá dentro de unas horas en la Casa Blanca. Porque ya digo: entre Rajoy y Zapatero va a estar la cosa en 2012, por mucho que los aficionados a las tesis conspiratorias se empeñen en introducir nombres nuevos en el tablero.

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