Fernando Jáuregui – Rajoy pierde el norte, el centro y el este.


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

Momentos de peligro para Mariano Rajoy. Conato de rebelión entre los suyos en el País Vasco a causa del apoyo de los hombres de Basagoiti a la ampliación del concierto. Peligro en Madrid, en cuya organización el líder gallego nunca se ha visto muy confortablemente asentado, y donde ahora Esperanza Aguirre revitaliza su protagonismo. Y peligro, por supuesto, en Valencia, donde el estallido de discrepancias con Francisco Camps aún no se ha apagado.

Rajoy, que parecía consolidado como líder único e indiscutible del PP tras el Congreso valenciano de 2008, ve cómo se le abren nuevos boquetes en el suelo bajo sus pies. Sin duda, el mas peligroso es el situado en Levante, donde, a raíz del cese de Ricardo Costa como secretario General del PP regional, se han puesto de manifiesto serías discrepancias con el presidente de la Generalitat, antes uno de los principales apoyos de Rajoy. Camps aceptó de mal grado las instrucciones procedentes de la sede de Génova para que cesase a Costa, cuyas conversaciones grabadas con implicados en la trama Gürtel, especialmente Alvaro Pérez el bigotes, pusieron en entredicho su imagen, pese a no estar imputado en el sumario y pese a haber demostrado con facturas la falsedad de la acusación de haber aceptado un coche de Orange Market.

Pero todo ello no bastó y Costa fue finalmente destituido, sobre todo por presiones de María Dolores de Cospedal, Secretaria General del PP, y brazo ejecutor de Rajoy. Se sabe que Camps y buena parte del PP levantino se mostraron en privado enormemente irritados por el «papelón» que se les obligaba a hacer. En estos instantes, el fraccionamiento entre los populares de la Comunidad valenciana es grande y profundo, casi al borde de algún tipo de escisión, cuando los minoritarios zaplanistas sienten llegada la oportunidad de su venganza. Lo que ocurre es que unos y otros parecen hallarse enfrentados a Rajoy y a la dirección nacional del PP. Un asistente a la reunión a puerta cerrada en la noche del martes 13 en la que a trancas y barrancas se decidió la salida de Costa comentó con quien suscribe: «esto puede ser el principio de una escisión como la de la Unión del Pueblo Navarro pero «a la levantina»». Añadió que, como mínimo, las relaciones entre el PP nacional y el PPCV «van a ser tan inestables e incómodas» como las del PSOE con los socialistas catalanes del PSC.

De consumarse estas hipótesis, la gravedad de la situación interna para Rajoy será patente: la Comunidad valenciana es, al fin y al cabo, el gran granero de votos del principal partido de la oposición, y también buen semillero de militantes. Teniendo a Esperanza Aguirre en mala sintonía, a los jóvenes de Basagoiti con un cierto disgusto y a los valencianos en plan levantisco, el horizonte de Rajoy se presenta con nubarrones. Cierto que le siguen apoyando el gallego Núñez Feijoo (aunque haya quien quiere indisponerlos hablando de las «posibilidades sucesorias» del presidente de la Xunta), el castellano-leones Herrera. El andaluz Javier Arenas, la catalana Alicia Sánchez Camacho, el canario Soria, el murciano Valcárcel*es decir, la inmensa mayoría de los barones territoriales. Sin que ello quiera decir que, en el momento decisivo, tanto Camps como Esperanza Aguirre, junto a todos los demás, se volcarán probablemente en apoyo de Rajoy para que llegue a La Moncloa. La sangre no debería llegar al río bajo ningún concepto.

Pero faltan todavía muchos meses, y ya se conoce que algunos importantes empresarios le acusan menos que veladamente a Rajoy de inactividad y de no saber salir de una situación de aparente apatía cuando hay una crisis evidente. «Con este no ganamos en 2012 ni locos», comentó un destacado miembro de la CEOE. Donde las simpatías por el PP priman en todo caso sobre las del PSOE. Igualmente, hemos oído a no pocos diputados, representantes sin duda de un sector de la militancia, acusando a Rajoy de «no tener firmes las riendas» del partido, cuyos altibajos impide realizar una eficaz labor de oposición.

En este contexto, los resultados de los sondeos, aunque no evidencian demasiado los efectos de la corrupción manifiesta de algunos responsables en el «caso Gürtel», lo cierto es que no se distancian lo suficiente de un Partido Socialista en baja. «Que Zapatero y Rajoy estén empatados en impopularidad en las encuestas, debería hacerles meditar a ambos». No consta, es lo cierto, que estén meditando demasiado de cara al próximo encuentro de los dos en La Moncloa, donde aseguran fuentes de ambas partes que tratarán de esnificar un pacto, al menos en educación y, menos probablemente, en energía. Pero las demandas ciudadanas de acuerdo entre las dos principales formaciones políticas del país son mucho más extensas. Zapatero está perdiendo muchas plumas por la crisis económica global y agravada en la gestión doméstica. Rajoy está perdiendo no menos plumas por la crisis interna que vive su partido, al que sin embargo nadie ha podido demostrarle que se esté financiando ilegalmente -no consta, desde luego, en los primeros 17,000 folios conocidos del sumario-. Pero de nuevo, cuando todo parecía aquietado en el PP, surgen difusos tambores de guerra, callados descontentos, críticas con no tanta sordina, en el interior del PP.

¿Cuándo dará Rajoy el necesario puñetazo sobre la mesa? Porque la victoria pírrica en Valencia, logrando quitar a Costa de su sitio, no ha bastado.

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