José Cavero – Cospedal se impuso a Costa.


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

En el Caso Costa, de destitución del secretario general del PP valenciano, hemos tenido la oportunidad de comprobar algunos papeles clave: primero, el del propio Ricardo Costa, que se ha defendido contra viento y marea y contra el aparato de Madrid. En segundo lugar, el de Francisco Camps, que, desde una cierta ambigüedad, se ha esforzado por no romper con su segundo, de quien ha sido colaborador indispensable. Camps quería, a un tiempo, satisfacer a Rajoy y a Costa, y ha podido comprobar que no era posible servir a dos señores.

Finalmente, entre la defensa del propio o la entrega a «la autoridad de Madrid» no tuvo más remedio que entregar la cabeza de Costa, aunque con evidente miedo de que el ya ex secretario general cante, o siga contando las verdades del barquero. En tercer lugar, Mariano Rajoy, que tampoco ha querido pasar por ser el malo de la película ni romper su fructífera amistad con Camps. Y finalmente, Dolores de Cospedal, que ella sí se ha esforzado por cumplir sus primeros compromisos de actuación rápida y contundente. De manera que, a la postre, han dado la impresión de que Cospedal se batía e imponía contra Costa, la secretaria general universal contra el secretario general local.

Por resistente que haya sido Costa, bien pudo apostarse por su segura derrota. Pero con ese temor de que puede seguir tirando de la manta y molestar durante un tiempo largo a sus jefes Camps y Rajoy. Se ha impuesto Madrid y Valencia no ha tenido más remedio que rendirse, pero ese tipo de batallas, antes o después, pasan factura. ¿Son tan ambiguos y dubitativos como han parecido Rajoy y Camps? ¿Es tan resolutiva y «mujer fuerte» doña Dolores, o solamente le ha correspondido ese papelón de «Cruella de Vil» y mantenedora del orden y la disciplina de partido?

Los demás -González Pons, por ejemplo- son personajes secundarios y escasamente relevantes en esta comedia o tragedia valenciana con muchos fuegos de artificio, algunos desplantes e indudables sorpresas. Por ejemplo, la inefable exculpación de Costa sobre el precio de su reloj, regalo de un gran amigo ex alcalde de Alicante. Resulta que no costó 20 mil euros, sino «sólo» seis mil. ¿Saben bien nuestros políticos lo que son seis mil euros en un reloj, un millón de pesetas de las de antes, colgadas de la muñeca por virtud de un buen amigo? Han perdido «el oremus» y los criterios de funcionamiento de los ciudadanos corrientes, anonadados por las versiones contradictorias, por la tardanza en resolver, por la confusión sostenida…

Al episodio valenciano hay que añadir, en las últimas horas, otra historia poco edificantes de los diputados del PP vascos, que decidieron abandonar el hemiciclo del Congreso para no votar en contra de los diputados de todo el PP en materia de «blindaje» del concierto económico vasco. También en esta materia, se impuso la «doctrina Cospedal», contraria, ni más ni menos, a un acuerdo que su propio partido ya había votado en el Parlamento vasco y que pretendía que desdijera en Madrid. En esta historia, Antonio Basagoiti ha sido quien ha echado el pulso a la dirección nacional, y ha preferido que sus leales se ausentasen, antes de votar contra el parecer de los restantes «populares del Estado». Pero la idea de desmadre interior es bien visible. A doña Dolores, y por supuesto, a don Mariano, les crecen los enanos…

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