Isaías Lafuente – Y mentiroso.


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

La decisión de la dirección nacional del Partido Popular de defenestrar a Ricardo Costa para tomar oxígeno en la asfixiante presión por la trama Gürtel no ha sido convincentemente explicada y es muy discutible, pero ha sido firme. Bien distinta ha sido la vergonzosa actitud del presidente valenciano, Francisco Camps, en la gestión de la crisis, unas horas críticas en las que ha demostrado ser capaz de engañar a todos a un tiempo.

Engañó a Ricardo Costa al hacerle creer que le apoyaba hasta el extremo de irse con él si Génova insistía en prescindir de sus servicios. Engañó a los dirigentes de su comité ejecutivo regional al hacerles creer que mantendría el pulso con la dirección nacional que había anunciado Costa en la lectura de su contundente comunicado. Engañó a la dirección nacional al hacerles creer que había cumplido sus órdenes y había acabado con Costa. Y engañó a los periodistas tras la reunión de su grupo parlamentario, al día siguiente, en la que impuso la salida de Costa cuando explicó que ya estaba hecho lo que había decidido el comité regional la víspera, una mentira más.

María Dolores de Cospedal ha justificado la fulminante salida de Ricardo Costa por sus «relaciones poco recomendables», por sus comunicaciones «poco edificantes para el interés del partido», y porque aunque sus actuaciones con algunos implicados en la trama Gürtel no sean «dignas de sanción penal, sin embargo no son admisibles éticamente». Mariano Rajoy, en su primera comparecencia ante los periodistas desde hace meses, ha dicho que no está dispuesto a admitir ninguna conducta que avergüence a los votantes y militantes de su partido. Cada una de las razones por las que los máximos dirigentes del PP dicen prescindir de Costa es perfectamente aplicable a Francisco Camps. A ellas habría que añadir que fue Camps quien atrajo a Alvaro Pérez, el bigotes, a su comunidad, quien concedió a su «amiguito del alma» desde su gobierno privilegiados y suculentos contratos, quien aprobó las decisiones que su mano derecha, Ricardo Costa, adoptó con las empresas de la trama desde el partido. Y una más. Desde ayer, Génova también sabe que aquel hombre por el que Rajoy ha puesto de nuevo la mano en el fuego es capaz de engañar a quien haga falta para garantizarse la supervivencia, también a los ciudadanos, algo que el líder del PP no deja de recriminar a Zapatero como inhabilitante para un político.

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