Rafael Martínez-Simancas – Cuentos y recuentos.


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Ni Einstein, que era persona de probada capacidad intelectual, se atrevió a calcular el número de manifestantes que acuden a un acto callejero, y mucho menos en España donde aplicamos el método del parchís: cuentas uno y avanzas veinte. A falta de un método adecuado los asistentes se miden en función del entusiasmo del que realiza el recuento, a mayor proximidad con la causa mayor número de convocados. La versión oficial dice que Rubalcaba calcula manifestantes a los que aplica un descuento de grupo en función de su inquina con el Gobierno.

Una empresa afirma que tiene el método perfecto de clavar el número de gente en una calle, dice que lo hacen anotando el número de cabezas lo cuál lleva al viejo chiste de «¿cuántas reses tiene Joe?, pues muy fácil: cuentas todas las patas de las vacas y luego las divides por dos». Aquí quisiera ver a Pitágoras o a Hetaria, tan de moda por la película de Amenábar; no es fácil contar con exactitud sin caer en la parcialidad. Además, ese método plantea varias incógnitas, la primera es saber si el liberado sindical cuenta por tres, si los gigantes tapan a los cabezudos, o sí los concentrados pertenecen a una asociación de padres con hijos hiperactivos, (en cuyo caso se contarán a mogollón porque no habrá forma de que estén quietos para la foto). En el capítulo de «restos» se debe considerar a los que sacan al perro a pasear justo en el momento clave de la foto. Y, también, al guiri que aparece con el mapa de la ciudad y pregunta cómo se va al centro. Por supuesto, habrá que restar las estatuas y las farolas que pueden ser tomadas por clones de Rompetechos, y a los periodistas que no participamos sino que vamos a por la crónica. A vista de pájaro todos somos iguales.

Este método no viene a sosegar la vida democrática española, (ni de lejos). Cuando hayan establecido el número exacto entonces contarán su peso, volumen o capacidad para decir un trabalenguas sin caer en el intento. Será cuando la pelea llegue por el detalle, de tal manera que aparecerán españoles con tres brazos y con cuatro piernas, auténticos monstruos demoscópicos producto de aplicar la exactitud a la muchedumbre. La pregunta es: ¿de verdad que es más importante saber cuántos eran a conocer lo que pedían?, pues así parece.

El siguiente paso es ponerlo en práctica con pescadores y amantes, ambos son colectivos de mentirosos compulsivos que cuentan más de lo que se llevan a la red. Y así hasta calcular con exactitud cuántos eran los peces del villancico que miraban con curiosidad al Dios nacido. Algo así era absolutamente necesario, responde a un clamor popular, sin duda.

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