Antonio Casado – España-Cuba, de ayer a hoy.


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

La reciente visita del ministro Moratinos a Cuba cosechó menos críticas que de costumbre en la derecha política y mediática. Hubo resultados concretos. Tanto en el campo de los derechos humanos (liberación de dos presos políticos y un empresario español detenido por prácticas corruptas) como en el reforzamiento de las relaciones bilaterales hispano-cubanas (retorno de los agentes del CNI y apertura de una nueva sede de la Cooperación Española), que era el objetivo del viaje.

Nada constante y sonante en materia de reformas «que favorezcan un proceso de transición hacia una democracia pluralista y el respeto a los derechos humanos», según reza la llamada Posición Común de la Unión Europea, adoptada en 1996 a propuesta del Gobierno Aznar. Pero en la defensa de nuestros intereses no hay color entre el apagón derivado de la política de confrontación practicada por los Gobiernos del PP y estos pequeños gestos derivados del acercamiento propiciado por Zapatero.

Maticemos. Si la fe en la Democracia y los Derechos Humanos presidiera de verdad el funcionamiento de las relaciones internacionales, a todos nos molestaría aparecer asociados a la defensa de una dictadura. Como no es el caso, se comprende la preeminencia del cálculo político y la defensa de nuestros intereses. Por si hace falta, recordemos España encabeza el ranking de las inversiones extranjeras en Cuba. En el mundo que vivimos, el dato es determinante a la hora de planificar en el sesgo de nuestras relaciones con Cuba.

Dicho sea como una constatación de la realidad, y no del deseo, aquí no mandan los valores, o los principios, sino los intereses.

Por ejemplo, los intereses de las 280 empresas españolas con unos 300 millones de dólares bloqueados en los bancos cubanos. La libertad de transferencia y la repatriación de beneficios será posible, previo pacto del calendario con cada una de las empresas afectadas, gracias al compromiso que el ministro Moratinos obtuvo en su entrevista con Raúl Castro. No es un regalo. Es dinero de nuestros empresarios, por mucha falta de divisas que tenga el régimen cubano. Pero cabe preguntarse si estos empresarios habrían preferido que ahora sus intereses estuvieran defendidos por un Gobierno que baja las persianas y reclama el aislamiento del castrismo.

Hemos avanzado en la capacidad de interlocución con el régimen cubano. Es bueno tanto para España como para la UE, que la tuvieron interrumpida desde el encarcelamiento de 75 disidentes en 2003, con la imposición de sanciones por parte europea, hasta que España logró el levantamiento provisional de las mismas en 2005. Lo conseguido desde entonces por Moratinos pone en evidencia el fracaso de la política de confrontación de Aznar (1996-2004). Desprotegió nuestros intereses pero no le hizo ningún daño al régimen, ni mitigó su carácter represivo ni las carencias y los sufrimientos del pueblo cubano.

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