Andrés Aberasturi – Como no pasa nada…


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

Como el país es una balsa de aceite (de oliva, claro), como no pasa nada importante y ni hay paro, ni crisis; como pymes y autónomos están viviendo su mejor momento y ni hay déficit, la balanza está equilibrada, nuestros marineros faenan tranquilos y protegidos; como todos los grupos han apoyado con entusiasmo los presupuestos del Estado y en el Constitucional están mano sobre mano por falta de asuntos que resolver; como la Audiencia Nacional no provoca ninguna polémica y el pueblo llano se aburre soberanamente ante la ausencia casi absoluta de problemas y apenas si hay cosas que merezcan la pena una discusión en la barra de la cafetería, llega el Consejo Escolar de Cataluña (CEC), y da vía libre al consejero de Educación, Ernest Maragall, para que cambie el nombre de las viejísimas vacaciones de Navidad y Semana Santa que pasarán a denominarse «vacaciones de invierno» y «de primavera».

Brillante idea que, al final, parece que se va a poner en marcha ante lo que sin duda era un clamor social, una reivindicación histórica de prácticamente toda la sociedad que estaba preocupadísima por tener que seguir llamando vacaciones de Navidad a lo que todo el mundo conoce como las tradicionales vacaciones de invierno. Y otro tanto se podría decir de las de Semana Santa ¿a qué viene insistir y mantener el nombre de vacaciones de semana santa a lo que en el arraigo de todos -aunque solo en voz baja, por temor a las represalias- se denominaban de siempre vacaciones de primavera? Esa es la auténtica labor de los Gobiernos: elevar a normalidad lo que sin duda es el autentico sentir y vivir del pueblo. Un ejemplo a seguir de coherencia y de solucionar problemas seculares.

Pero como ya tenemos arreglado el tema de las vacaciones y la situación económica sigue yendo viento en popa, nos enteramos por el secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Angel Lossada, que las aportaciones desde abril de 2004 de su Ministerio al proyecto de Alianza de Civilizaciones, ha sido de 4.450.000 euros; una iniciativa de ZP que, según el mismo secretario, está obteniendo «una amplísimo reconocimiento en el mundo» y al que ya se han sumado 90 países de todo el mundo. Lo que no sabemos es lo que han puesto sobre el tapete esos países, pero lo importante es participar y no caer en la grosería de las cifras. El problema estriba en si las civilizaciones pueden aliarse sin más porque a mí -por no meter a nadie en mi saco- no me seduce nada aliarme con quienes imponen el burka, cortan manos por robar una gallina o -lo que es mucho más serio- matan a pedradas públicamente a una mujer acusada de adulterio. Podría seguir con algunas costumbres de algunas civilizaciones, pero mejor dejarlo ahí. Conmigo que no cuenten para esa alianza, no tengo el menor interés. Una cosa es la pobreza y otra la civilización o determinadas civilizaciones.

Menos mal que en el caso escasamente probable, prácticamente impensable, de que a alguien le nieguen un crédito en un banco, el Gobierno va a crear una flotilla móvil de jubilados bancarios para que medien en el asunto. Se comenta que ante tal iniciativa, directores y presidentes de la Banca se han reunido de urgencia absolutamente aterrorizados de las consecuencias de esta valiente iniciativa.

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