Fermín Bocos – Democracia enferma.


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

Vivimos tiempos de cambio en la percepción de la realidad. Tiempos en los que los medios de comunicación -sobre todo, la televisión-, nos han ido acostumbrando a confundir la realidad de las cosas con su apariencia. Ayudado por los medios afines, Zapatero negó durante un año la crisis y ahora lleva ya dos o tres meses diciendo que lo peor ya ha pasado. Es un intento descarado de fabricar una apariencia de realidad, pero hay gente dispuesta a comprarla.

Algo parecido se observa en los casos de corrupción, el partido, la empresa o el político afectado contraataca intentando crear realidades virtuales, apariencias de realidad que distraigan del hecho principal. Lo hemos visto en el caso «Gürtel». Pese a la famosa boda y a otras evidencias, desde las alturas del PP nunca han admitido conocer a los responsables de la trama organizada para cobrar comisiones encareciendo ilícitamente el precio de las contratas de obras públicas o servicios.

No lo han reconocido y han contraatacado con historias alternativas encaminadas a desviar la atención. Primero fue una conspiración (del juez, la policía y los fiscales) para hundir al partido en el momento en el que las encuestas le colocaban por delante del PSOE; después, la cosa pasó a ser obra de unos pocos «desaprensivos», «golfos» que se habían aprovechado de sus contactos políticos; por último -en eso están-, ahora, la cuestión es si el juez Garzón conculcó la ley al ordenar grabar conversaciones entre algunos imputados y sus abogados. Sobre éste hecho está en marcha una denuncia del Colegio de Abogados de Madrid, denuncia que entiendo debe ser atendida porque si el magistrado hubiera actuando dando pie a un ilícito penal, el sumario del caso habría quedado contaminado y con él las actuaciones penales.

Que se investigue, pues. Pero que sin perder de vista la cuestión de fondo: la existencia de una trama de corrupción que coloca bajo más que fundadas sospechas a media docena de altos cargos del partido que preside el señor Rajoy. La democracia enferma cuando nos acostumbramos a este tipo de trampas diseñadas para ocultar la realidad que resulta incómoda.

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