Charo Zarzalejos – 30 años de Estatuto


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

Hace treinta años se aprobaba el Estatuto de Autonomía del País Vasco. La elaboración de aquel texto fue un reto, una apuesta que no podía fallar. Se trataba de buscar una fórmula que hiciera posible dar forma jurídica y protección constitucional a los derechos históricos y su adecuación al siglo XX. Desde el punto de vista jurídico, el asunto era extremadamente complejo y se invirtieron horas, tardes y noches en negociaciones que parecían no tener fin.

Pero el Estatuto era y es mucho más que un mero texto jurídico amparado por la Constitución. El Estatuto se planteó cómo ese territorio en el que iba a ser posible la inserción del País Vasco en la nueva realidad española y era, sobre todo, el territorio en el que nacionalistas y no nacionalistas podían transitar sin darse codazos, sin ponerse zancadillas.

Además, y por si esto fuera poco, en aquella época casi todos pensábamos que quizás podría servir para que aquellos que habían optado por la violencia, por matar al adversario en aras de una patria que nunca existió, recapacitaran, dieran marcha atrás y se pusieran manos a la obra para, una vez agotada la dictadura, poner en marcha, de manera definitiva, la España democrática.

Han pasado treinta años y el Estatuto sigue vigente. Y sigue vigente porque ha sido una herramienta extraordinaria para el desarrollo político del autogobierno vasco, solo comparable al que se da en los estados federales. Antes y ahora ha sido y es rechazado por los terroristas y por quienes les apoyan y desde el PNV –hasta hace unos meses, siempre en el Gobierno– se denuncia con toda solemnidad su incumplimiento, negándose a asistir a los actos conmemorativos que por primera vez se van a celebrar hoy, domingo, a iniciativa del Gobierno presidido por Patxi López.

¿Es motivo bastante denunciar su incumplimiento para no sumarse a celebrar algo que es objetivamente bueno para el conjunto de los vascos? No. Todos sabemos que todas las leyes tienen sus lagunas, que no todas las normas se cumplen siempre y en toda circunstancia, pero ¿alguien se imagina que un partido político no asista al Congreso a celebrar la aprobación de la Constitución porque se producen incumplimientos de la misma?

No se trata de justificar incumplimiento alguno. Al contrario. Las leyes, también el Estatuto vasco, está para que se cumpla –y no sólo la Administración central–, pero nadie tira a la basura una joya porque tenga una pequeña rozadura. La no asistencia del PNV se debe a otros motivos; entre otros, el no querer coadyuvar al «éxito» de la convocatoria del Gobierno. Pero este desplante no debe ocultar ni oscurecer lo que el Estatuto ha significado y significa. No ha habido mejor acuerdo entre vascos. No hay alternativa, no caben experimentos. Solo su puesta en valor, su cumplimiento leal y responsable. Todo lo demás es pura melancolía. Y quienes lo critican y lo desprecian lo saben, cómo sabemos todos los demás que el Estatuto ha sido y es el gran logro que nunca antes ningún vasco pudo soñar.

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