Fernando Jáuregui – «Sabed que tengo mucho miedo», nos dijo Sabino.


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Fue en el homenaje que su esposa, la escritora y periodista María Teresa Alvarez, le preparó en secreto con motivo de su noventa cumpleaños, en marzo de 2008: «Sabed que tengo mucho miedo», dijo Sabino Fernández Campo a los amigos que escuchábamos su tremendamente emocionante -e improvisado_ discurso. Tenía miedo, lo reconocía con su habitual sinceridad y sin asomo de la ironía que a veces adornaba su discurso, porque a los noventa años, incluso cuando se está tan estupendamente de salud como él estaba, siempre se tiene miedo al porvenir. Y él, que siempre fue un valiente, no escondía ese sentimiento tan humano.

Conocí y traté bastante al general Sabino -así, Sabino–, como lo llamaban en La Zarzuela cuando ibas a verle. En ocasiones asistías a algunas conversaciones enfadadas, desde el teléfono interior de su despacho, con los miembros de la Casa. Ya estaba al borde de la extraña salida del puesto de jefe de esa Casa, que con tanta eficacia desempeñó, y no solamente en la noche clave del 23 de febrero de 1981, de la que luego te hablaba con prudencia y circunloquios. Pero aquella fue una sola noche. Hubo muchas más, importantes, en las que Sabino hizo gala de todo su tacto y de su retranca ovetense para avanzar en situaciones comprometidas; creo que algún día sabremos de toda la dimensión de lo que hizo.

No hay que esconder las cosas: la ironía del conde de Latores salpicaba a veces, en las charlas informales que muy pocos reprodujeron, la figura de un Rey al que amó, sin admiración de lacayo, y que acaso no le retribuyó suficientemente, quién sabe. El mismo decía que el Monarca no tiene por qué tener amigos ni agradecimientos. Estudió a Maquiavelo, y hasta escribió un interesante prólogo sobre su obra, pero ni era, ni quería ser, alguien maquiavélico: iba de frente, armado solamente con el sentido del humor. Dudo mucho que aconsejase a su Señor alguna práctica deshonesta o, simplemente, maquiavélica: de hecho, le echaron gracias, pienso, a algunas maniobras que nunca hemos conocido en su integridad.

No se escondía en la altanería del ex. Iba a donde le llamaban los amigos, no ocultaba las tristezas de algunos episodios de su vida familiar, hablaba con todos, pero extremaba la prudencia ante los oídos extraños o con intereses poco claros. El periodista Manuel Soriano, que accedió a algunas de sus confidencias, escribió un gran libro, el primero y el único, sobre la figura de este artífice de la transición, un pedazo de la Historia de España junto con el Rey, con Adolfo Suárez, con Manuel Fraga… Nos ha abandonado el primero de todos y se ha llevado muchos secretos, que confío en que alguien, quizá su propia e inteligente esposa, haya ido recopilando. Porque de este gran hombre no podemos perder ni la memoria ni las memorias, las que él siempre se resistió -y tuvo ofertas bien interesantes_ a escribir.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído