Carmen Tomás – El agujero de nunca acabar.


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

Van pasando los meses y el Gobierno no para de hacer más grande el agujero de las cuentas públicas. La monserga de que no hay de dónde recortar ya no cuela. Llevan meses con esa cantinela de pedirle al PP que le diga qué partidas recortaría. El martes, el Congreso le dio una idea. El Gobierno deberá hacer una ley que en la práctica supone eliminar tres ministerios y una vicepresidencia. Así en principio puede parecer el chocolate del loro. Habría que ver cuántos millones de euros nos ahorraríamos. Pero sobre todo tiene el don de ofrecer una medida de austeridad. Vamos que el Gobierno haga lo que están haciendo la mayoría de los españoles: apretarse el cinturón.

En todo caso, lo que demuestra el gobierno es que no tiene interés alguno en recortar gastos. De hecho, ya está diciendo que esa medida aprobada en el Congreso está fuera de la Constitución. Pero es que tampoco se le ve intención y cada día inventan algo nuevo que supone más gasto. Me estoy refiriendo a esa propuesta realizada estos días por la ministra de Economía. Salgado quiere contratar a unos 60-70 prejubilados de la banca para que analicen los expedientes de denegación de crédito a PYMES y autónomos. El coste de la operación es de 10 millones de euros. Y su eficacia me da a mi la impresión de que va a ser nula. ¿Van a acatar los bancos la recomendación de unos expertos por muy expertos que sean? ¿Existirá la empresa a la que le denegaron un crédito y ahora los prejubilados piensan que se merecía el dinero? Es un poco de guasa. Siempre me he mostrado en contra de la expulsión de la vida profesional de personas capacitadas y con una gran experiencia. De esas prejubilaciones absurdas e injustas que suponen cambiar a un experimentado por dos o tres becarios para aligerar la nómina. Pero de ahí a pagar sueldos de oro a personas que ya cobran una pensión. Podría ser gratis y estarían igual de encantados de sentirse útiles a la sociedad.

Y qué decir del nuevo Plan E de 5.000 millones para que los alcaldes y los ayuntamientos modernicen su tecnología y paguen nóminas y gasto corriente. Cualquier cosa menos pagar las deudas que tienen contraídas con pequeños empresarios y que han llevado a muchos miles al cierre y al despido de centenares de trabajadores. No se les ocurre nada sensato. Pero el agujero va creciendo y lo pagaremos caro.

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