Carlos Carnicero – PP, una tragicomedia inacabada.


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Se ha subido el telón para cambiar la decoración y de repente ha vuelto a aparecer Ricardo Costa, cuando en el guión había aparecido en anteriores capítulos la escena de su defunción. Políticamente, hablando, claro. Pero como esta opereta parece que está escrita para niños, los personajes deben repetirse y realizar las mismas tonterías porque es sabido que los más jóvenes prefieren ver siempre a los mismos personajes en las mismas situaciones. Ahora debiera aparecer Francisco Camps diciendo a los periodistas: «son ustedes muy amables; son ustedes muy agradables».

Y Mariano Rajoy se debe estar fumando otro puro. Mientras Esperanza Aguirre le amenaza como si sólo tuviera que rendir cuentas ante la historia, porque la oposición no termina de encontrar la forma de situarla. En política hay varias leyes inexorables; no es la menos importante la que acredita que cuando las situaciones imposibles se reproducen cotidianamente acaban por ser aceptadas como normales. Y ahora el reparto de Caja Madrid, como si fuera el botín de un barco asaltado por los corsarios, se exhibe sin que sus clientes y los ciudadanos se preguntes como es posible que hayamos llegado a este extremo.

No será la clase política española la primera que se haga el harakiri si esto sigue por los derroteros de descrédito en los que la partitocracia de unos caciques y unas caciques dejan en evidencia que los militantes no pintan nada y por arriba sólo hay disputas de poder. El espejo de Italia nos amenaza sin éxito.

Mientras esto siga así, mientras los casos de corrupción afloren por los cuatro punto cardinales y en las filas de casi todos los partidos, los boletos para la rifa de la gran desafección siguen agotándose sin que hay una reacción profunda y seria.

Ahora Ricardo Costa vuelve a desafiar a Mariano Rajoy: la lista es larga. Lo único que todavía no ha pasado, que sepamos, es que el chofer del vehículo oficial del presidente del PP le haya pedido que sea él quien conduzca para llevarle de compras. Todo puede ocurrir. No hay que olvidar que esto es un sainete, de poca calidad, pero un sainete. Y ya no queda mucho talento para imaginar más disparates.

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