Charo Zarzalejos – Otra vez Madrid.


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

El asunto es recurrente pero inevitable. Cuesta creer que, a día de hoy, el Partido Popular de Madrid continúe siendo un auténtico dolor de cabeza y no sólo para la dirección nacional, que lo es, sino para el conjunto de afiliados y votantes, que ya se están encargando de hacer llegar a los órganos de dirección el hartazgo profundo que les produce que «los de Madrid estén dando siempre la nota».

Nadie duda que es la Comunidad, es decir Esperanza Aguirre, la que tiene competencia para negociar un candidato a la presidencia de Caja Madrid. A nadie se le escapa que es la cuarta entidad financiera de España y todo el mundo hubiera entendido que la propuesta que surgiera desde el Gobierno de la Comunidad, hubiera sido una propuesta consensuada con la dirección nacional; es decir, con Rajoy. La dimensión del asunto, sin duda, lo merece y la organización interna del PP así lo aconseja, en la medida que no es un partido federal, aunque en la práctica _y así lo estamos viendo_ funcione como si lo fuera. Esto, que en mi opinión no es lo ideal, la realidad demuestra que es inevitable. ¿Hay alguien que pueda chistar o toser a un barón; es decir a un territorio? Camps, en la medida que tiene territorio, es barón y Aguirre que también tiene el suyo, es baronesa por derecho propio.

Admitiendo esta realidad compleja, resulta llamativo y alarmante la ausencia de diálogo y acuerdo entre la Comunidad y la dirección nacional del PP, o sea, entre Aguirre y Rajoy, cuando de un asunto de tanta trascendencia se trata. A este respecto, hay versiones varias de quien dijo que y quien lo dijo primero; pero a estas alturas resulta irrelevante. Lo relevante es haber llegado a este punto, en el que de nuevo «Madrid» logra irritar al conjunto del partido en toda España.

Y llegados a este punto, en alguna medida, la historia se va a repetir. Y se va a repetir porque Nacho González, la apuesta oficial y reiterada de Esperanza Aguirre, no va a ser presidente de Caja Madrid. De nuevo, Esperanza Aguirre se lanza a una aventura que no va a culminar. Lo hizo cuando dio la impresión –y ella permitió que así fuera_ que quería competir con Rajoy para la presidencia del PP. Parecía que, legítimamente, jugaba a eso, pero luego resultó que no, que nunca se lo había propuesto. Ahora puede ocurrir algo similar. Puede ocurrir que con el transcurso de los días Nacho González resulte que no es tan candidato de Aguirre como la propia Aguirre ha hecho creer.

Y si resulta llamativo el empecinamiento por la candidatura de González, mucho más lo ha sido el leer las declaraciones del señor Cobo. Si alguna razón podía tener, la ha perdido de manera rotunda. Ni Esperanza Aguirre ni nadie se merece que desde dentro de su partido y en público ser tratado como lo ha sido la presidenta de la Comunidad de Madrid. Semejantes dislates ni pueden ni deben salir gratis, porque ya lo único que le faltaba al PP y desde luego a Mariano Rajoy es que la lucha por el poder se convirtiera en una pugna de barrio. Hay y habrá mucho ruido, pero lo único seguro es que Ignacio González no va ser presidente de Caja Madrid y Esperanza Aguirre ya comienza a saberlo.

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