José Cavero – Costa colmó la paciencia en Génova.


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Génova es la calle de tal nombre, donde se halla la sede del PP, y donde tienen despacho Mariano Rajoy y Dolores de Cospedal, presidente y secretaria general del principal partido de la Oposición. Y los periodistas solemos hacer uso frecuente de «Génova» para referirnos a la dirección del PP. De manera que, en esta ocasión, la idea es que Ricardo Costa, hasta hace poco secretario general del PP valenciano, colmó la paciencia a Rajoy y Cospedal, que finalmente han reaccionado con un puñetazo sobre la mesa, y han quitado a Costa, de manera cautelar, su condición de militante. Ni secretario general, ni siquiera militante del PP, le han dicho los jefes al subalterno Costa, hartos de esa seriedad que el número dos de Camps ha venido exhibiendo para mantenerse en una secretaría general de la que, de creer a Rajoy y a Cospedal, fue despojado ya hace tiempo. Pero Costa no ha querido darse por enterado, y ha preferido mantenerse en una situación de «honradez injustamente mancillada», e incluso necesitada de alguna clase de compensación, rehabilitación pública y disculpas. Bueno, pues no. Por esta vez, Rajoy ha hecho lo que muchos le han venido pidiendo: que imponga su autoridad y haga saber que no le gustan los pulsos ni las amenazas de los subordinados.

Lo cual tiene algo de advertencia tanto a Francisco Camps como a Esperanza Aguirre, los dos máximos «barones» del PP, ni más ni menos, que han venido exhibiendo, a su vez, su indudable fuerza al frente de los dos PP regionales más poderosos. Camps, con esa ambigüedad calculada de amigo de Costa por encima de cualquier contingencia. Y Aguirre, porque no ha dudado en contar y mostrar que nada menos quede los 110 alcaldes del PP en localidades madrileños, 105 se han puesto a su lado para reclamar un castigo ejemplar al mordaz vicealcalde Manuel Cobo, para, castigándolo a él, humillar también al no menos levantisco e insumido Ruiz Gallardón. Con un problema añadido: Gallardón y Cobo forman parte de la dirección nacional del PP, lo que les viene a otorgar una especie de «garantía de apoyo»desde la `propia presidencia del PP, que no olvida que, en tiempos de mayores dificultades, cuando Aguirre volvió a medirse con Rajoy, Gallardón se alineó con él y le brindó su apoyo.

Son, todos, juegos de equilibrio para divertimento de políticos y periodistas, muy probablemente, pero que terminan constituyendo la crónica de los acontecimientos políticos, y en definitiva, en curso de los acontecimientos que determinan la trayectoria de un partido. Algún día se contará que Rajoy sobrevivió, o se afianzó, sobre algunos adversarios poderosos y que, contra muchos pronósticos, logró derrotarlos a todos, haciendo uso de un adecuado uso de los tiempos que muchos de sus propios correligionarios le afearon y criticaron. De vez en cuando, Rajoy cede a su tentación de dar un revés a algún militante que incordia más allá de lo razonable, y que no quiere entender las órdenes «de arriba». Costa lo está comprobando en su propio curriculum de brillantísimo ejecutivo del PP, y de máxima confianza del barón Camps. Su impaciencia ha podido cavar su tumba política mucho antes de lo que nadie pudo haber supuesto…

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